El presidente Hugo Chávez lanzó ayer ante una gran muchedumbre con camisetas y gorras rojas la campaña a favor del «Sí» para el referendo del 2 de diciembre sobre la reforma de la Constitución, que busca reforzar los poderes del presidente y establecer el socialismo.
Aclamado por la multitud que colmaba la céntrica avenida Bolívar, Chávez afirmó que el «gran objetivo es aprobar la reforma constitucional, aprobarla de manera contundente y que no quede ninguna duda que la gran mayoría de los venezolanos dijo sí a la reforma constitucional.»
Hablando desde un estrado contra una gran pancarta roja que rezaba: «Sí, con Chávez», el presidente advirtió que «uno de los más importantes escollos que tenemos por delante es la abstención» y recordó que en el referendo para aprobar la Constitución de 1999 la abstención llegó a 55,63%.
El presidente, vistiendo una camisa roja «a prueba de balas» según él mismo informó, pidió a sus ministros «mano firme» para enfrentar las manifestaciones de estudiantes que se oponen a la reforma constitucional y sugirió que no se les de permiso para próximas marchas.
«No vamos a permitir que hijitos de papá, ricachoncitos de cuna de oro, vengan a reventarnos el centro de Caracas», dijo Chávez en alusión al incendio de tres palmeras durante una manifestación la semana pasada.
Chávez pidió a la «oligarquía contrarrevolucionaria y fascista que está detrás de estos planes violentos» que se imaginen a «un millón de personas marchando sobre el Este (los barrios ricos de Caracas) y quemando chaguaramos (tipo de palmera). No quedaría piedra sobre piedra de esta oligarquía venezolana», amenazó.
Acusó también al canal de noticias estadounidense CNN de estar detrás de los «planes violentistas», por difundir informaciones «sin confirmación» al aludir a un reporte sobre la muerte de una estudiante en una universidad del oeste del país, el viernes pasado.
Miles y miles de hombres, mujeres y niños procedentes de todos los rincones de Venezuela, vistiendo camisetas con la inscripción «Sí, con Chávez» o «PSUV» las siglas del Partido Socialista Unido de Venezuela en proceso de formación a instancias del presidente, comenzaron a marchar al mediodía hacia el centro de la capital.
El vicepresidente Jorge Rodríguez encabezó la marcha, en la que participaron varios ministros, entre ellos los de Energía, Rafael Ramírez, y Exteriores, Nicolás Maduro, también uniformados de rojo.
Los funcionarios públicos marchaban detrás de pancartas que identificaban a sus respectivos ministerios o empresas del Estado.
María Teresa, una jubilada universitaria, dijo a la AFP que la disposición que más beneficiará a Venezuela es «que se pueda reelegir a nuestro presidente lo que dé, toda la vida».
Destacó también la reducción de la jornada laboral a 6 horas diarias, que «beneficiará sobre todo a las mujeres que tendrán más tiempo libre para ocuparse de sus casas y de sus hijos».
Pedro Luis Martínez, un desocupado de 50 años, estimó por su parte que la disposición que más beneficiará al país es «la seguridad social para los trabajadores informales», una medida que en su opinión «profundiza la democracia».
Un animado grupo de jóvenes agitaba una larga faja de apoyo a la reforma y una jovencita que sostenía una de las puntas dijo a la AFP que eran todos integrantes del Frente juvenil Francisco de Miranda.
Indicó que todos tuvieron cursos de formación ideológica en Cuba y que actualmente el Frente está integrado por 17.000 jóvenes. Un grupo de profesores cubanos los acompañaba.
La reforma propone la modificación de 69 artículos de los 350 de la Constitución bolivariana de 1999, 33 propuestos por Chávez y 36 por la Asamblea Nacional, íntegramente compuesta por diputados chavistas tras el boicot opositor a las legislativas de 2005.
La Asamblea Nacional sancionó la reforma el viernes pasado por abrumadora mayoría (sólo hubo 6 abstenciones) e inmediatamente el Consejo Nacional Electoral (CNE) convocó el referendo para el 2 de diciembre.
Las encuestas indican que la tendencia es a la aprobación de la reforma. Como en las elecciones anteriores bajo la presidencia de Chávez, la oposición se encuentra dividida entre los que llaman a votar «No» y los que impulsan la abstención lisa y llana.