La oposición de izquierda acude a las elecciones regionales del domingo en Colombia confiada en mantener su mayor bastión -la alcaldía de Bogotá-, aunque con poca opción de revertir el control oficialista en vastas zonas, que además están bajo presión de guerrilleros y paramilitares.
El Partido Liberal, también en la oposición y venido a menos luego de que por décadas fue la principal fuerza electoral, llega difuminado en alianzas que tejió con múltiples formaciones oficialistas.
Cuatro años después de que por primera vez la izquierda con el sindicalista Luis Eduardo Garzón ganara la alcaldía de Bogotá, su partido, el Polo Democrático Alternativo (PDA), lucha por conservar el cargo prometiendo continuar el énfasis social en una ciudad de 7,8 millones de habitantes y con un presupuesto anual de 5.600 millones de dólares.
Para ello el PDA postuló al ex senador Samuel Moreno -nieto del general Gustavo Rojas Pinilla, el único dictador colombiano del siglo XX-, quien lidera las encuestas sobre el ex alcalde de la capital y candidato del oficialismo, Enrique Peñalosa.
El triunfo del PDA en la alcaldía capitalina -considerado el segundo cargo público en importancia después de la presidencia- afianzaría el ascenso de la izquierda registrado en las elecciones legislativas y presidenciales de 2006, en las que fue reelegido el derechista Alvaro Uribe.
En las primeras logró la elección de 18 congresistas y en las presidenciales ocupó el segundo lugar relegando al liberalismo, resultados significativos toda vez que esa tendencia fue marginada por dos décadas tras el asesinato de 3.200 militantes a manos de paramilitares y agentes estatales.
Más allá de Bogotá, el PDA afronta serias dificultades para expandir su influencia en amplias regiones donde persisten focos paramilitares -con candidatos propios-, pese al desarme de 32.000 combatientes de ultraderecha.
También enfrenta a barones electorales aliados con el paramilitarismo y la reticencia de la mayor guerrilla del país, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC, marxistas), que rehúsa su llamado a dejar la lucha armada.
«El Polo avanzará, pero las fuerzas uribistas coparán alcaldías y gobernaciones en un porcentaje mucho más alto», estima el politólogo Fernando Giraldo.
Adrián Serna, director de un centro de estudios políticos de la Universidad Distrital (pública), coincide en que el mapa político «no variará significativamente», mientras que Claudia López, de la Misión de Observación Electoral (independiente), sostiene que «la alianza oficial seguirá siendo mayoría».
Esos analistas llaman la atención sobre la incidencia de los grupos ilegales: mientras las FARC son acusadas de matar a una decena de candidatos, a los paramilitares se les sindica de interferir mediante amenazas o promoviendo a sus aspirantes.
Este último fenómeno se presenta pese al escándalo de la ’parapolítica’, que develó los nexos de connotados dirigentes con la extrema derecha y dio lugar a una causa judicial que involucra a 40 congresistas, casi todos de la coalición de gobierno, de los cuales 14 están presos.
«La presencia ’parapolítica’ en las regiones, que está entre el 25 y 30%, no va a retroceder», asegura López, destacando que los cinco partidos salpicados inscribieron a 26.000 de los 86.000 candidatos.
Serna subraya además que «muchos de los implicados mantienen conexiones muy fuertes con los partidos y movimientos en contienda.
«Los ’parapolíticos’ siguen controlando los hilos del poder», agrega Giraldo, previendo que el domingo no habrá un castigo para ellos en las urnas.