Wagner y sus resonancias pictóricas



El compositor Richard Wagner (1813-1893) reconocí­a sin ambages que no le interesaba demasiado la pintura, pero suscitó numerosas resonancias en las artes plásticas, de Auguste Renoir a Anselm Kiefer, como lo demuestra una apasionante exposición que se inaugura el jueves en la Cité de la Musique de Parí­s.

El Museo de la Música del parisino Parque de la Villette presenta, bajo el tí­tulo «Wagner, visiones de artistas», unas 60 obras de las corrientes más diversas (simbolismo, expresionismo, surrealismo…) hasta las imágenes poéticas y acuáticas del videoasta norteamericano Bill Viola para la ópera «Tristán e Isolda».

«Wagner tení­a muy poco interés por la pintura, pero su obra ha inspirado enormemente a los pintores», explica a la AFP el comisario de la exposición, Paul Lang.

«Quisimos mostrar la permanencia del interés que el compositor suscita desde los años 1840, y el hecho de que no hay unidad estilista en la manera como es percibido el gesto wagneriano», agrega.

El recorrido de la muestra, esencialmente cronológico, se inicia con el cuadro pintado 1845-1847 por el romántico alemán Ludwig Richter, «El cortejo nupcial de primavera», que se inspira de «Tannhí¤user».

Un siglo después, los estudios para el ballet «Bacanal» (1939) de Salvador Dalí­ o el «Homenaje a Wagner» de Antoni Tapies (1969), corroboran la afirmación de Lang.

Dos retratos del compositor evocan dos maneras de ver y de hacer. Al Wagner inmortalizado de perfil y de manera oficial por el alemán Franz von Lenbach responde un retrato de frente del impresionista Renoir, ante el que Wagner posó sólo durante 45 minutos, que bastaron para que el pintor se sintiera horrorizado por el antisemitismo de Wagner.

El oro del Rin sólo es sugerido por la dramaturgia de la luz en la obra de Henri Fantin-Latour, pero encandila de brillo en la de Hans Makart, pintor emblemático de la Viena imperial.

La exposición evoca también la recuperación de la mitologí­a wagneriana por el régimen nazi, ilustrándola con el austriaco Hugo Hodiener. Una deriva funesta denunciada por el norteamericano Edward Kienholz en «Brunilda», en la que una «Mutterkreuz» (otorgada a las madres alemanas durante el Tercer Reich) prende de una tabla de lavandera que difunde extractos de «La Valquiria».

El alemán Anselm Kiefer, por su parte, pinta en «Silfrido olvida a Brunilda» surcos desolados que recuerdan las ví­as férreas que llevaban a los campos de exterminio.

Conforme a su vocación, el Museo de la Música propone un acompañamiento sonoro del recorrido con extractos de las diez principales óperas de Wagner. Presenta asimismo «algunas utilizaciones contrastadas de música wagneriana en el cine», en pelí­culas de Coppola, Fellini, Chaplin o Buñuel.