Siguen las manifestaciones


Apoyo. Unos sudcoreanos simpatizaron con la causa de los monjes budistas birmanos, y protestaron frente a la Embajada de Myanmar en Seúl. (AFP / La Hora)

Decenas de miles de personas encararon pací­ficamente a las fuerzas del orden en el centro de Rangún y sólo se dispersaron después de que la policí­a disparara al aire tiros de advertencia y lanzase un ultimátum amenazando con una acción «extrema», dijeron testigos.


«Les damos 10 minutos. Si no se van, emplearemos medidas extremas», gritaron los soldados a través de megáfonos.

Poco después, por lo menos 100 personas habí­an sido detenidas y obligadas a subir a camiones militares, mientras los otros manifestantes huí­an corriendo por las calles del centro, explicaron los testigos.

Una inmensa multitud se habí­a reunido de nuevo el jueves en torno a la pagoda Sule, sin dejarse intimidar por la violenta represión del miércoles, cuando la policí­a y los soldados utilizaron disparos al aire, cargas con porras y gases lacrimógenos para sofocar las protestas.

Principalmente jóvenes y estudiantes, acompañados por unos 20 monjes budistas, cantaron el himno nacional birmano mientras encaraban a decenas de policí­as y soldados armados que les impedí­an el paso, afirmaron los testigos.

«El General Aung San nunca habrí­a ordenado al ejército que matase al pueblo», gritaron, en referencia al difunto héroe de la independencia birmana y padre de la lí­der pro democrática y premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi.

La multitud también cantó: «Que se nos evite el peligro, que se nos evite la pobreza, que nuestros corazones y nuestros espí­ritus estén en paz».

Según los testigos, por lo menos dos personas resultaron heridas cuando una multitud huí­a por las calles del centro de la ciudad. Un hombre cayó al suelo y los soldados se lo llevaron arrastrándolo, mientras un grupo de manifestantes transportaba a un auto a otro herido que no podí­a andar.

También en el barrio de Kyaikkasan, en la parte este de la ciudad, la policí­a habí­a disparado al aire para disolver a un grupo de manifestantes, en un aparente intento de dispersar a los pequeños grupos antes de que pudiesen unirse a otros para formar una manifestación mayor, señalaron los testigos.

Pese a la fuerte presencia del ejército en Rangún, cientos de miles de personas salieron a las calles un dí­a después de que la junta decidiese recurrir a la violencia por primera vez en diez dí­as consecutivos de multitudinarias protestas. La represión policial dejó al menos cuatro muertos y cien heridos.

En el este de Rangún, las fuerzas de seguridad se enfrentaron con los manifestantes en por lo menos tres lugares diferentes el jueves, cuando cientos de personas habí­an acudido a proteger a los monjes budistas a los que la policí­a estaba deteniendo, declararon los testigos a la AFP.

Seis camiones de policí­a repletos de bonzos detenidos partieron de un monasterio en el barrio de Iankin, según los testigos, en lo que parecí­a ser un intento de evitar nuevas protestas impidiendo que los monjes acudiesen al centro de Rangún.

También la pagoda Shwedagon, el principal templo del paí­s, habí­a sido acordonada.

La mayor parte de comercios y oficinas cerraron sus puertas por temor a nuevos episodios de violencia como los de la ví­spera.

Dos monjes murieron apaleados por las fuerzas del orden el miércoles mientras un tercero recibió un disparo cuando intentaba quitarle el arma a un soldado, declararon fuentes oficiales a la AFP. Una cuarta persona murió por impacto de bala, informó una fuente policial. Más de 200 personas fueron detenidas.

Además de a los monjes budistas, la autoridades birmanas detuvieron durante la noche a dos altos responsables de la Liga Nacional por la Democracia (LND), el partido de Aung San Suu Kyi.

Ambas personalidades, Hla Pe y Myint Thein, fueron detenidas en sus domicilios, precisó a la AFP un responsable del partido en Rangún.

Sin embargo, fuentes diplomáticas extranjeras en Rangún y un ex responsable birmano afirmaron que es improbable que Suu Kyi, en arresto domiciliario durante más de una década, haya sido trasladada a prisión.

El miércoles un miembro del Gobierno birmano en el exilio y primo de la premio Nobel de la Paz habí­a declarado en Parí­s que ésta habí­a sido encarcelada.

China, por su parte, pidió «moderación» a la junta militar birmana y a los manifestantes, pero se abstuvo de condenar la represión que se lleva a cabo actualmente en Birmania.