Prudencia en Irak



Los iraquí­es tienen una larga historia común con Naciones Unidas, marcada por más de 15 años de tragedias, por lo que algunos parecen escépticos ante el nuevo mandato acordado a la organización por el Consejo de Seguridad.

«Creo que la ONU puede desempeñar un papel en Irak, pero las grandes potencias deben darle una oportunidad», resumió a la AFP un diputado chií­ta de la mayorí­a, Hamid Mualla al Saadi.

El pasado agosto, el Consejo aprobó la resolución 1770 que asigna a la ONU un papel de mediador entre los protagonistas de la tragedia iraquí­.

La realización de una conferencia el 22 de septiembre en Nueva York y varios encuentros esta semana que coincidieron con la Asamblea General de la ONU, subrayaron de nuevo el deseo de la comunidad internacional de que Naciones Unidas se involucre más en Irak.

Pero en su discurso el martes, el presidente estadounidense George W. Bush sólo lo mencionó una vez, dejando «a los paí­ses civilizados» a cargo de solucionar el conflicto iraquí­.

Stefan de Mistura, el nuevo representante en Bagdad del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, deberá ponerse manos a la obra a partir de octubre.

Sin embargo, para la ONU, implicada en varios avatares en Irak desde 1990, se trata de un desafí­o arriesgado.

En visita a Bagdad en marzo pasado, Ban recibió un ruidoso recordatorio del peligro que representa enzarzarse en el conflicto iraquí­.

La explosión de un cohete sacudió el edificio donde el secretario general hablaba con la prensa.

Este se agachó y miró con sorpresa al primer ministro Nuri Al Maliki, imperturbable, quien acababa de asegurarle que el paí­s estaba en ví­as de estabilización.

El 19 agosto de 2003, el Hotel Canal, entonces cuartel general de la ONU, fue destruido por un camión bomba que mató a 22 personas, entre ellos el jefe de la misión de Naciones Unidas, Sergio Viera di Mello.

Desde entonces, la ONU redujo su presencia en Irak y también sus ambiciones. Pero la resolución 1770 le ha abierto nuevas perspectivas.

«El regreso de la ONU servirá a los intereses de Irak a condición de que la organización goce de la autoridad necesaria para alcanzar sus objetivos», subrayó Omar Abdel Sattar Mahmud, un diputado sunita del Partido Islámico iraquí­.

También Hassar Chaabane, un abogado activo en el desarrollo de la sociedad civil en Irak, comparte el deseo de dar a los representantes de la ONU un poder efectivo.

«Las presiones internacionales sobre la polí­tica y la dirección de la ONU paralizan a veces la misión de la organización», señaló en una entrevista con la AFP.

Para los iraquí­es, este fue el caso con las últimas acciones de Naciones Unidas.

Destinadas a confirmar el desarme de Irak a finales de 2002, las inspecciones de la ONU aparecieron a ojos de los iraquí­es como un subterfugio para lanzar la guerra contra el entonces presidente Saddan Hussein.

Anteriormente, el régimen de sanciones instaurado en 1990 por la resolución 661 fue percibido como un medio de contener al régimen de Husein sin eliminarlo, provocando una hecatombe de civiles privados especialemente de medicamentos esenciales.