Que Guatemala sea un país inseguro y cargado de violencia es alarmante, pero que sus fuerzas de seguridad sean en realidad fuerzas de inseguridad es una muestra de que hemos tocado fondo. Ayer fueron localizados cinco cadáveres de jóvenes que fueron ejecutados por agentes de la Policía Nacional Civil que, como en el caso de los diputados salvadoreños, aparecían con hoja de servicios intachable pero que sin duda usaban su poder para actuar como sicarios al servicio del crimen organizado. Y eran, nada más y nada menos, que escoltas del mismísimo Director General de la PNC, lo que agrava la situación porque si ello ocurre con el personal de más confianza, ya nos podemos imaginar lo que ocurre con el resto de los agentes.
Cualquier crimen es repudiable y no podemos pensar que los antecedentes penales de las víctimas nos permitan hacernos de la vista gorda. Cabalmente porque la sociedad en buena medida ha apañado la limpieza social y ese uso extremo de la fuerza para, en teoría, compensar la falta de eficiencia del sistema judicial, es que hemos creado ese tipo de comportamientos que se dan entre las fuerzas de seguridad del país. Es indudable, además de bochornoso, que los guatemaltecos en buena medida hemos si no aplaudido, por lo menos sí aceptado como mal necesario las ejecuciones extrajudiciales, sin entender que al optar por ese uso indiscriminado de la fuerza prostituimos a nuestras propias fuerzas del orden.
Aun si las víctimas fueran criminales de la peor calaña, en cualquier país civilizado lo que se esperaría de la Policía es su captura y la investigación para sustentar un caso penal en contra de esas personas. Cierto es que hay fallas en el Ministerio Público y que es incapaz de hacer acusaciones fundamentadas, y también que los Tribunales de Justicia no aplican la ley correctamente, pero si como sociedad caemos en el juego de actuar todos como criminales, por acción o por omisión, nos condenamos a hundirnos cada vez más en el laberinto de la anarquía y la inseguridad.
Creemos que es cierto que hay un cansancio tremendo de la población ante la violencia y que ello lleva a muchos a pensar en medidas de fuerza para resolver el problema. Muchos creen que si los tribunales no cumplen, es bueno que cada quien empuñe su arma y se haga justicia por propia mano, pero ello lejos de resolver los problemas los agrava porque nos convierte a todos en parte del problema en vez de ser parte de la solución.
Es una vergí¼enza lo ocurrido con estos cinco jóvenes que fueron brutalmente ejecutados. Ese crimen no resolverá ninguno de los problemas de inseguridad que vivimos y, en cambio, hace que los ciudadanos con justa razón temamos cada vez que vemos a un policía porque ellos dejaron de ser garantía para la población y son una amenaza.