Sólo un 4% del universo está constituido por materia ordinaria conocida, mientras que el restante 96% -materia negra, ondas gravitacionales, etc.- sigue siendo aún un misterio para los físicos, lanzados a la caza de las astropartículas durante esta semana en Amsterdam.
«Pensamos que conocemos el universo, pero sólo conocemos un 4%», dijo el premio Nobel de Física, James Watson Cronin, a sus colegas reunidos en la capital holandesa, recordándoles así la amplitud de su tarea.
Sólo ese pequeño porcentaje del universo está constituido por materia ordinaria, de la que se conocen mecanismos y elementos constituyentes. El resto, según los últimos modelos cosmológicos, está formado por 73% de esa energía llamada negra y otro 23% de materia negra.
«La naturaleza de la energía negra es un misterio», constataron los físicos europeos especializados en partículas astrales de la red Aspera (Astroparticle Physics for Europe).
Parece ser que esa materia acelera la expansión de nuestro universo, que tiene unos 13.700 millones de años, y podría ser la constante cosmológica a la que se refirió Albert Einstein.
En cuanto a la materia negra, «se conocen globalmente sus parámetros, pero no se sabe exactamente qué es», reconoció Stavros Katsanevas, coordinador de Aspera y responsable del Instituto Nacional Francés de Física Nuclear y Física de las Partículas (CNRS/IN2P3).
En los próximos diez años los especialistas en astropartículas tendrán que aportar respuestas sobre el origen de los rayos cósmicos (partículas de alta energía que proceden, entre otros, del Sol), la composición de la materia negra, la existencia de ondas gravitacionales -cuya medición permitiría estudiar la estructura del universo-, y la masa de neutrinos, esas partículas en las que se basa la simetría entre materia y antimateria.
Para realizar ese trabajo, la Comisión Europea ya se comprometió a apoyar tres proyectos, el primero de ellos la construcción en el fondo del mar Mediterráneo del gran telescopio de neutrinos KM3Net.
Los otros dos son el gran detector LAGUNA para el estudio de la desintegración del protón y la astronomía de los neutrinos, y el telescopio Einstein, una antena de detección de ondas gravitacionales.
Los científicos también acordaron realizar estudios de viabilidad de una red europea de telescopios -Tcherenkov- para observar los rayos gamma de alta energía, y el proyecto EURECA, un detector de luminosidad de los astros para investigar la materia negra.
El también premio Nobel de Física en 2006, el estadounidense George Smoot, cuyas investigaciones reforzaron la teoría del Big Bang, recordó por su parte en la reunión de Amsterdam la misión del satélite WMAP, en órbita desde 2000, y el lanzamiento en 2008 de Planck, destinado al estudio del nacimiento y la evolución del universo.
El nuevo satélite pone de manifiesto cómo la investigación de las astropartículas se intensifica en estos comienzos del siglo XXI, aumentando así la esperanza de que en los próximos años «se pueda unir lo infinitamente pequeño, las partículas, con lo infinitamente grande, el universo», como resumió Gabriel Chardin, del Centro francés de Espectrometría Nuclear y de Masa (CSNSM/CNRS).