El cada vez más impopular general Pervez Musharraf dejará su puesto de jefe de las fuerzas armadas paquistaníes después de las elecciones si es reelegido presidente, declaró hoy uno de sus abogados ante la Corte Suprema.
«En caso de reelección para un segundo mandato presidencial, el general Musharraf abandonará sus funciones como jefe de las fuerzas armadas justo después de las elecciones y antes de tomar posesión como presidente», anunció el abogado, Sharfuddin Pirzada.
í‰sta era una de las condiciones impuestas por la ex primera ministra de Pakistán, la exiliada Benazir Bhutto, para un futuro reparto de poder. Bhutto, que ha vivido en Dubai y Londres después de haber tenido que abandonar su país acusada de corrupción, anunció el pasado viernes que volverá a Pakistán el 18 de octubre, con o sin acuerdo con Musharraf.
Ambas partes llevan meses negociando un eventual reparto del poder. Bhutto reclama a Musharraf el puesto de primer ministro a cambio del apoyo de su cada vez más influyente partido en las legislativas que deben celebrarse a comienzos del 2008.
El abandono del ejército era también era una exigencia del poder judicial y de la oposición pakistaní. í‰stos también reclaman elecciones por sufragio universal.
«Ha llegado el momento de que Musharraf deje el uniforme militar» comentó el ministro de Información, Tareq Aziz. «Legalmente deberá hacerlo antes del 15 de noviembre, por lo que se trata de un asunto de días y no de semanas», añadió.
Las elecciones presidenciales paquistaníes se celebrarán, por elección indirecta de los miembros del Parlamento y de las asambleas provicniales, no más tarde del 15 de octubre.
A partir de la elección, Musharraf tendría un mes de plazo antes de ser proclamado presidente, por lo que el gobierno pone como fecha límite el próximo 15 de noviembre para que el general abandone su puesto en el ejército.
El general Musharraf, aliado de Estados Unidos, tomó el poder en Pakistán tras un golpe militar sin derramamiento de sangre, el 12 de octubre de 1999. En el 2002 fue elegido por la asamblea presidente del país, una elección que fue calificada por la oposición como un «fraude».
Desde el pasado mes de marzo, el presidente se ha tenido que enfrentar a su crisis política más grave en los ocho años que lleva en el poder, lo que le llevó incluso a decretar el estado de emergencia en agosto.
Su personalidad es cada día más criticada e impopular y se suceden las manifestaciones ciudadanas que reclaman el fin de la «dictadura militar».
El origen de la crisis fue el intento de Musharraf de destituir al jefe de la Corte Suprema, Iftikhar Muhammad Chaudhry, en lo que se interpretó como una represalia porque este tribunal defendía la incompatibilidad de Musharraf para mantenerse como presidente del país y jefe del ejército.
En julio, la Corte Suprema, restituyó en su cargo a Chaudhry y, semanas después, volvió a tensar la cuerda cuando, el 23 de agosto, anunció que autorizaba la vuelta al país de otro ex primer ministro en el exilio, también por corrupción como Bhutto, Nawaz Sharif.
Musharraf, además, debe hacer frente a las presiones cada vez mayores de su aliado Estados Unidos para que controle los grupos islamistas. Washington considera que el binomio Musharraf-Bhutto frenaría el ascenso de los fundamentalistas.