Pierden «la catedral de los cafés»


Cuando Lorenzo Marioni cierre al final de la semana el «New Picadilly Café», uno de los cafés más populares de Londres conocido como «la catedral de los cafés», echará también la llave a 50 años de historia, englutida por la presión inmobiliaria de la capital británica.


El «New Picadilly Café» cerrará oficialmente sus puertas el 22 de septiembre, si bien su dueño, el italiano Lorenzo Marioni, que este mes cumple 64 años, no descarta que se anticipe ese cierre.

«Cuando no me queden más patatas fritas, judí­as verdes o salchichas, no tendré interés en encargar más suministros», explica a la AFP al precisar que, así­, colgará un cartel diciendo: «Me fui a pescar».

Una vez que el letrero rojo de «restaurante» se apague, las excavadoras se adueñarán del número 8 de la calle Denman para levantar en el lugar un edificio multiusos que relegará a uno de los cafés más antiguos de Londres al olvido de la historia.

«Es un sitio fantástico», dice el baterista de jazz Dylan Howe, de 38 años, mientras desayuna, aunque ya es por la tarde.

Su esposa, Zoe Street Howe, una compositora de 27 años, está desolada ante la idea de tener que cambiar el viejo café por uno de los numerosos locales en franquicia que predominan en Gran Bretaña en los últimos años.

«Las cadenas de cafés no tienen alma y no se pueden comparar; no hay lugar que se parezca a éste, siempre lleno de personas diferentes pero donde también se puede encontrar intimidad», afirma entristecida.

Marioni, por su parte, afirma haber inventado una nueva palabras para denominar a las franquicias rivales: «draculizadas».

«Es como si Drácula y sus amigos vaciaran a los sitios de sus almas», dice mientras seca una copa con una servilleta de papel.

Para sus parroquianos, el «New Picadilly» es un sí­mbolo del pasado, tan original como su propietario, que en una misma conversación puede mezclar Schopenhauer, Somerset Maugham, las prostitutas de las callejuelas del Soho y Rasputí­n.

El lugar también es único por su decoración, inspirada en el estilo modernista del festival de Gran Bretaña de 1951 y que Lorenzo Marioni rechaza cambiar desde hace 50 años.

El local fue el escenario elegido para rodar la pelí­cula «The girl in the café» (La chica en el café), escrita por Richard Curtis para la campaña «Make poverty history» en 2005.

Ahora, los turistas y los hombres de negocios se mezclan con los habitantes del barrio mientras beben té o café en tazas de pyrex, sentados en mesas de formica y atendidos por camareros de uniformes raí­dos.

A pocos dí­as del cierre definitivo, Lorenzo Marioni, con su pelo gris engominado y peinado cuidadosamente hacia detrás, intenta mostrarse despreocupado, como si estuviese contento de poder retirarse y tener tiempo para todo aquello que le apetece.

Pero su decepción es más que perceptible para todos aquellos que han hecho una tradición de una taza de café diaria al calor de su local.