Calculan costos polí­ticos para Lula


La votación de esta semana en el Senado de Brasil, que libró a su presidente Renan Calheiros de ser destituido por «rupt


Al permanecer en la Presidencia de la Cámara Alta durante el juicio, Calheiros consiguió no sólo administrar los tiempos del proceso, según su conveniencia, sino además convertir una acusación personal en un conflicto entre oposición y gobierno.

Esta estrategia hizo que el apoyo del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva y su Partido de los Trabajadores (PT), aunque encubierto y avergonzado, se concretara en la abstención de sus senadores, tan salvadora para Calheiros como los votos a su favor. Con la obtención de la victoria a lo «Pirro» (el rey griego que venció varias veces a los romanos, pero a un costo en vidas humanas que amenazó dejarlo sin ejército), el gobierno necesita una discreta retirada de su aliado, que sin embargo se niega a atenderlo.

El presidente Lula enfrenta una grave situación en las dos cámaras legislativas: necesita la aprobación antes de fin de año, cuando cesa su vigencia, de un impuesto cuya recaudación representa unos 19.000 millones de dólares al año.

Esos recursos son indispensables para que cierren las cuentas del Presupuesto, pero si su tramitación parece relativamente tranquila en la Cámara de Diputados, en el Senado, donde la mayorí­a en apoyo al gobierno es mucho más ajustada, está en peligro.

Con la derrota sufrida en el caso Calheiros, la irritación de la oposición aumentó exponencialmente y el gobierno enfrentará serias dificultades para construir la mayorí­a que necesita. Por eso es vital una cierta «pacificación de los ánimos».

Para conseguirla, los principales aliados del presidente (y de Calheiros) en el Senado, el ex presidente José Sarney (1985-90) y su hija Roseana, ex gobernadora de Maranhao, idearon una licencia del presidente del Senado, quien serí­a sustituido por el petista (PT) Tiao Viana.

Conciliador, Viana podrí­a hilvanar algunos acuerdos mí­nimos que aseguren la aprobación del impuesto citado, lo cual serí­a facilitado por la «desestructuración y falta de rumbo» de la oposición, en la definición de uno de sus integrantes, el senador por Pernambuco Jarbas Vasconcelos.

Sin embargo Calheiros se niega a dejar el cargo temerosos de que, sin su control directo, los otros dos juicios polí­ticos contra él, aún pendientes, puedan tomar nuevo aliento y propiciar una revancha a los partidos de oposición.

Los próximos dí­as definirán si las presiones sumadas del presidente Lula y de su aliado Sarney consiguen modificar la posición del presidente del Senado, lo que parece ser una condición para la aprobación del impuesto necesario.

A partir de esa situación, el gobierno tendrá mayores o menores dificultades para empezar el próximo año, cuando hay elecciones municipales en todo el paí­s, con las obras en marcha previstas y de las cuales depende para obtener un buen resultado electoral.

Lo que de cualquier forma no tiene remedio es la desmoralización y el desprestigio que el episodio Calheiros representa para el Senado como institución, al mostrarlo como un «club de amigos» con gran espí­ritu de cuerpo, pero ningún espí­ritu cí­vico.