La Patria que ansiamos



Tiempo es para, parafraseando al gran poeta Julio Fausto Aguilera, definir la Patria que ansiamos ahora que en medio del fragor electoral nos aprestamos a celebrar un aniversario más de la Independencia. Una Patria que, indudablemente, está por construir y cuyo futuro dependerá más de usted y de nosotros que de lo que propongan o hagan los polí­ticos. Una patria que ofrezca a todos sus habitantes una esperanza, una ilusión de vida digna, y que nos permita desarrollar nuestras habilidades por igual, sin esas preferencias que marcan las cuestiones raciales, de género y, sobre todo, de condición social.

No podemos seguir viviendo sin ansiar y construir una Patria que sea el refugio de todos sus hijos y que deje de expulsarlos para que vayan al extranjero a buscar la realización o, por lo menos, el medio de vida para subsistir. Una Patria que desde la cuna asegure a sus hijos un mundo de oportunidades basadas en la educación, la salud y la inclusión social.

Tenemos que construir una Patria en la que prevalezca la majestad de la ley, donde la impunidad sea desterrada para siempre y donde quien se esfuerza recibe un premio y quien rompe las reglas de juego establecidas por la sociedad merece un castigo aplicado en el marco de nuestra legislación. Una Patria donde el que dirige al crimen organizado sea y se sienta paria y donde el narcotraficante, como el polí­tico corrupto, sienta el desprecio de la colectividad que no aplaude esas formas de enriquecimiento inmoralmente ilí­cito.

Debemos construir una Patria que practique la solidaridad entre sus habitantes, en la que el que más necesita del impulso y el apoyo encontrará en sus semejantes un elemental sentido de justicia para que quien más ha sido favorecido por la fortuna más devuelva talentos. Una Patria justa en todo el sentido de la palabra, donde el tribunal que aplica la ley lo haga con dedicación e imparcialidad, y donde el que trabaja y se parte el alma de manera cotidiana pueda, por lo menos, vivir con mí­nimos de dignidad propios de su naturaleza humana.

Una Patria que abandone esa concepción del éxito que se tasa por el grueso de la billetera para enaltecer el conocimiento, el trabajo y la decencia. Una Patria que, a diferencia de la que diseñaron los mal llamados próceres, articule un esfuerzo colectivo mediante un sistema fiscal equitativo para impulsar el desarrollo social que impida que sigamos arrastrando esos niveles de pobreza que desde la cuna marcan a nuestros niños porque los hace crecer desnutridos y en desventaja fí­sica y mental para enfrentar a este voraz mundo que ha globalizado el egoí­smo.

Soñar con la Patria que yo ansí­o es un viejo ejercicio que nos enseñó el poeta y aquellas sus ideas revolucionarias de los años 60 tienen validez hoy porque socialmente no hemos avanzado y eso no puede ni debe ser.