El gobierno socialista y la oposición de derecha han encontrado un nuevo motivo de polémica, la bandera española, cuando faltan seis meses para las elecciones legislativas.
Metidos de lleno en la precampaña electoral, los conservadores del Partido Popular (PP) se han indignado por no ver la rojigualda ondear durante el Día de Cataluña en los edificios oficiales de Barcelona, y de forma general por verla desaparecer del País Vasco y Cataluña.
«Â¿No le preocupa a usted, el presidente del Gobierno de España, que la bandera de España no ondee en cientos de ayuntamientos del País Vasco, Navarra y Cataluña, incumpliendo la Ley y la Constitución?», preguntó el miércoles el portavoz del PP en el Senado, Pío García Escudero, al jefe del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero.
Zapatero prometió hacer «todo lo posible» para que se respete la ley de 1981 sobre la bandera, «símbolo de la nación», que toda región o municipalidad debe hacer ondear en sus edificios oficiales.
Este debate ha cobrado importancia tras una serie de hechos destacados por la prensa de derecha.
El diario liberal El Mundo mostraba en primera el miércoles fotos de edificios públicos en Cataluña -región gobernada por los socialistas en coalición con los independentistas-, sin bandera española, pero con la enseña catalana.
Unos días antes la prensa se había hecho eco de otro asunto con la bandera en el País Vasco: la alcadesa conservadora de un bastión nacionalista había decidido poner la bandera española en su ayuntamiento por primera vez desde el final del franquismo.
La decisión causó una gran tensión en el pueblo, ya que la alcadesa, adscrita al PP, fue elegida después que la justicia ilegalizara una lista independentista radical.
La bandera rojigualda es un símbolo omnipresente para el PP. El principal partido de la oposición, por ejemplo, transformó su gran manifestación contra la política vasca de Zapatero, en marzo en Madrid, en un océano de banderas rojas y amarillas.
La novedad radica en que los socialistas intentan ahora reapropiarse de este símbolo, observa el sociólogo y especialista en opinión pública, Fermin Bouza.
El logotipo del gobierno se ha modernizado recientemente para incluir los colores españoles y en la sede del gobierno, las dos banderas, la española y la europea, han cambiado de lugar a fin de dar mayor visibilidad a la enseña nacional, observó el rotativo conservador ABC.
Estos cambios han sido motivo de ironía por parte del líder del PP, Mariano Rajoy: «Es la moda de ahora, que llega la temporada otoño-invierno y hay que abrigarse con la bandera de España, porque las encuestas le están anunciando una fuerte bajada de temperaturas», en alusión a la campaña para las elecciones generales de marzo.
El clan Rajoy, campeón autoproclamado del «españolismo», apuesta por este asunto para reunir a los que tienen la sensación de una desmembración silenciosa del Estado en beneficio de las poderosas regiones autónomas.
Este debate ha resurgido en los últimos años con la aprobación controvertida en 2006, bajo la égida del gobierno socialista, de un estatuto de autonomía ampliado para Cataluña, y el intento frustrado de arreglo del tema vasco.
«No me parece que sea un tema bueno para la campaña electoral de nadie, la gente no es muy sensible, o electoralemente sensible a esas cosas», consideró Bouza, profesor de la universidad Complutense de Madrid.
La bandera es una temática «pendiente desde la llamada transición (del franquismo a la democracia), en que se trató de arrinconar los temas más problemáticos para no entorpecer la evolución hacia la democracia. Y ahora todos esos temas regresan. Como diría Freud, lo reprimido siempre regresa», advierte.