Lamenta baja natalidad


Defensa. Un niño recibe la comunión de manos del Papa Benedicto XVI. El Sumo Pontí­fice pidió

El papa Benedicto XVI echó a andar hoy como un peregrino más en el santuario austrí­aco de Mariazell, donde lamentó la baja natalidad en Europa, fruto de un egoí­smo que trasluce una pérdida de fe en el futuro.


Ataviado con una casulla amarilla y azul, los colores de Marí­a, el Papa alemán presidió una misa al aire libre en conmemoración del 850º aniversario de la fundación del santuario de Mariazell (Santa Marí­a de la Celda), a unos 110 km de Viena.

Empuñando su bastón de peregrino, el Pontí­fice, de 80 años, recorrió a pie los metros que separan la capilla de la Virgen, a cuyos pies recitó una oración, de la tarima donde ofició la eucaristí­a.

En su homilí­a, denunció el relativismo, los peligros de la ciencia y el descenso de la natalidad en Europa, ante más de 30.000 peregrinos que lo escucharon estoicamente bajo la implacable lluvia.

«Europa se ha quedado pobre en (número de) niños, queremos todo para nosotros, y depositamos poca confianza en el futuro», dijo arropado por sacerdotes y obispos que vestí­an chubasqueros sobre sus casullas.

Esta advertencia papal llega un dí­a después de que condenara el aborto, por ser «contrario a los derechos humanos», en un discurso ante las autoridades locales y el cuerpo diplomático en Viena.

El relativismo, del que se alimenta el proceso de secularización en Europa, tampoco se salvó de las crí­ticas.

«Nuestra fe se opone con resolución a la actitud de resignación que considera al hombre incapaz de (alcanzar la) Verdad», motivo de «la crisis de Occidente, de la crisis de Europa», dijo en su segundo dí­a de viaje a Austria.

Como sin la Verdad el hombre no puede distinguir entre el bien y mal, entonces los descubrimientos tienen un doble filo, argumentó.

«Pueden abrir posibilidades significativas para el bien, en beneficio de la humanidad, pero también, como vemos con demasiada claridad, pueden plantear una amenaza terrible, que implica la destrucción del hombre y del mundo», advirtió.

Los católicos, dijo, deben «Mirar a Cristo», lema de su viaje, sin por ello despreciar a otras religiones, porque la fe no se transmite a través de la violencia.

«Dios salvó al mundo no con la espada, sino con la Cruz», explicó.

En medio de un paisaje de impermeables de colores sobresalí­an 700 coristas que entonaron cánticos religiosos durante el oficio litúrgico, seguido en primera fila por el presidente, Heinz Fischer, el canciller, Alfred Gusenbauer, y varios ministros.

La muerte de dos peregrinos, de 80 y 83 años, por problemas cardiovasculares, enturbió la alegrí­a de esta conmemoración, celebrada el dí­a en que la Iglesia católica festeja la Natividad de la Virgen.

«Recé por ellos. Estoy seguro de que la madre de Dios los llevará directamente al Señor», comentó Benedicto XVI.

El santuario de Mariazell, el más popular del centro de Europa, acoge cada año a un millón de peregrinos.

Por la tarde, tras el rezo de ví­speras, el Papa regresará a Viena para proseguir su viaje, que concluirá el domingo por la noche.

Desde su llegada, además de condenar el aborto, y de pedir a Europa que permanezca fiel a sus raí­ces cristianas, el Papa rindió homenaje a las ví­ctimas del Holocausto con una oración silenciosa, acompañado por un rabino.

El sábado, el ministro de Defensa austrí­aco, reaccionó a las palabras del Papa sobre el aborto diciendo que entre su paí­s y la Iglesia «habí­a desacuerdos» y que Austria no prevé modificar la ley que autoriza la interrupción del embarazo bajo condiciones.