Un grupo de iraníes, dos de ellos diplomáticos, fueron detenidos brevemente en Bagdad la noche del martes al miércoles por las fuerzas estadounidenses, en un nuevo signo de la tensión creciente entre Estados Unidos e Irán sobre el tema de Irak.
El grupo fue detenido el martes por soldados estadounidenses en el hotel Sheraton, en el centro de Bagdad. Tras su liberación, el miércoles por la mañana, fue entregado a la oficina del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki.
Según fuentes oficiales iraquíes e iraníes en Bagdad, los iraníes, siete en total, entre ellos una mujer, trabajaban en el ministerio iraquí de Electricidad, pero según un comunicado militar estadounidense, eran ocho y dos de ellos tenían estatuto diplomático.
Los militares estadounidenses revisaron las habitaciones de los iraníes en el hotel Sheraton y confiscaron un ordenador personal, teléfonos portátiles y una maleta que contenía dinero, indicó el comunicado militar estadounidense.
Según la versión estadounidense, el convoy de los iraníes fue controlado en un retén cerca del Sheraton, y fueron encontradas armas en los vehículos de los iraquíes.
«Los iraquíes eran guardaespaldas, pero no tenían permiso para llevar armas y poseían dinero iraní», agregó el comunicado.
Los ocupantes del convoy se dirigieron luego al Sheraton, adonde los siguieron los soldados estadounidenses, que registraron sus habitaciones. Después el grupo fue conducido a otras dependencias para su interrogatorio.
Un empleado del hotel contó a la AFP que los soldados estadounidenses vendaron los ojos a los iraníes antes de llevárselos.
Irán calificó esas detenciones de «injustificadas».
Además, se han producido después de que el presidente estadounidense, George W. Bush, calificase a Irán de «primer Estado en el mundo que apoya el terrorismo».
Bush, que hace frente a virulentos ataques en Estados Unidos por su conducción de la guerra en Irak, presentó el martes a su país como la vanguardia en la lucha contra el «extremismo» de la República Islámica.
Por su parte, su homólogo iraní, Mahmud Ahmadinejad, declaró que Irán está dispuesto a llenar el «vacío» dejado en Irak por el fracaso de Estados Unidos, preso según él en su «propio atolladero».
El 11 de enero, los estadounidenses detuvieron a cinco iraníes en la ciudad kurda de Erbil (norte) y los acusaron de ayudar a los insurgentes que combaten contra la ocupación estadounidense.
Estados Unidos denuncia frecuentemente las «actuaciones» de Irán, que según los servicios secretos estadounidenses, suministra potentes explosivos a los milicianos para organizar atentados contra los militares norteamericanos.
Washington acusa en especial a los Guardianes de la Revolución, un cuerpo militar de élite encargado de la defensa del régimen, de financiar y equipar a las milicias chiitas iraquíes radicales que combaten contra los soldados estadounidenses.
Bush denunció el apoyo de Irán al movimiento chiita libanés Hezbolá, así como a los grupos radicales palestinos Hamas y Yihad Islámica, además de la entrega de armas a los talibanes en Afganistán, otro país vecino de Irán.
Para Irán, la ocupación estadounidense en Irak es una amenaza para la estabilidad de la región y una presión directa en su contra ahora que está desarrollando una capacidad nuclear, con fines exclusivamente civiles, según afirma Teherán.
Estados Unidos e Irán, que no mantienen relaciones diplomáticas desde la revolución islámica de 1979, iniciaron sin embargo hace poco discusiones entre funcionarios de sus embajadas en Irak para tratar de hallar coincidencias en torno a la situación en dicho país.
Pero, oficialmente, esos acercamientos se redujeron a un intercambio de acusaciones mutuas.