Olvidado tras los altos muros que lo rodean en el centro de Viena, el cementerio judío de Wahring, uno de los más importantes del siglo XIX en Europa central, espera a que lo salven de la ruina tras años de indiferencia por parte de las autoridades austríacas.
Más de 7.000 tumbas de entre 1784 y 1874, que remiten a los tiempos de la revolución industrial austríaca, están amenazadas con desaparecer, deterioradas por el tiempo, invadidas de hierbajos y a veces víctimas del vandalismo.
«Es una joya sin par en Europa central. Y mire en lo que se ha convertido», dice apenada la historiadora austríaca Tina Walzer, que desde hace 15 años intenta que se restaure el cementerio.
Tras la puerta de madera, normalmente cerrada a los visitantes por falta de seguridad, miles de tumbas se encuentran literalmente devoradas por la vegetación, que le confiere al lugar un aura romántica casi surrealista.
«Si no se hace nada rápidamente, los daños serán irreparables», dice Tina Walzer.
El espacio desbrozado por unos voluntarios bajo la autoridad de la historiadora recuerda la importancia histórica del camposanto. En él descansan los barones judíos de la finanza, de la industria y del ferrocarril que contribuyeron al despegue económico del imperio austríaco en el siglo XIX.
Los suntuosos sepulcros de judíos asquenazíes en granito pulido y con epitafios en alemán o hebreo rivalizan con las tumbas de elaboración típicamente oriental, únicas, según la historiadora, al norte de los Alpes.
«Son tumbas de judíos sefardíes del Imperio Otomano, que fueron autorizados a instalarse en Viena en virtud de unos acuerdos con la Sublime Puerta», explica la historiadora.
Pese a la destrucción en la época nazi de un espacio de 2.000 tumbas y la profanación de unas 200 sepulturas para transferir los cadáveres al Museo de Historia Natural de Viena, donde se les perdió el rastro, el cementerio escapó a los saqueos sistemáticos perpetrados bajo el Tercer Reich.
Sin embargo, hoy día el cementerio está abandonado por el Estado austríaco, a quien le corresponde el mantenimiento de todos los cementerios judíos del país según un acuerdo firmado en Washington en 2001.
«Al contrario que Alemania, que pronto reconoció sus responsabilidades hacia la comunidad judía (tras el Holocausto), a Austria le cuesta asumir su pasado. La situación actual se deriva de tal dificultad», dice Raimund Fastenbauer, secretario general de la Comunidad Israelita de Viena (IKG).
Según la teniente alcalde de Viena, la socialdemócrata Renate Brauner, la alianza entre conservadores y ultraderechistas en el poder hasta el pasado enero explica en parte la inercia pertinaz del Estado.
«La ciudad de Viena ha instado en varias ocasiones a la República a asumir sus responsabilidades, pero en vano», recuerda Brauner a la AFP.
La restauración del cementerio podría decidirse próximamente. A mitad de julio, la nueva presidenta socialdemócrata del Parlamento austríaco, Barbara Prammer, anunció en un viaje a Jerusalén el comienzo en otoño de estudios preliminares para iniciar las obras «dentro de dos o tres años».
Dichas obras, de un coste estimado en 14 millones de euros, podrían durar entre seis y diez años, precisó Barbara Prammer.
Fastenbauer juzga con prudencia la iniciativa. «El gesto es alentador, pero sólo cuentan los resultados. Hasta ahora, los anuncios de este tipo han quedado en letra muerta», dice a la AFP.
Según la historiadora Walzer, «el cementerio de Wahring no necesita nuevos estudios, sino medidas inmediatas».