El primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el líder palestino Mahmud Abas regresan a la región después de haber sentado en Annapolis las bases para comenzar negociaciones de paz entre ambas partes, pero sus respectivos adversarios parecen resueltos a obstaculizar esos proyectos.
Los dos partidos de la coalición de Olmert, formaciones de derecha y extrema derecha que cuentan con el apoyo de los colonos, y los movimientos radicales palestinos de Hamas y la Yihad islámica, que reciben apoyo de Irán, son los principales escollos para la aplicación de los acuerdos.
«Nos pasaremos inmediatamente a la oposición si parece que las negociaciones se encaminan hacia un acuerdo que permita el regreso a Israel de refugiados palestinos, la partición de Jerusalén y el desmantelamiento de las localidades judías (colonias) de Judea Samaria» (Cisjordania), dijo el jueves a la AFP Yossi Levy, portavoz del partido Israel Beitenou.
Esta formación ultranacionalista, que cuenta con 11 diputados, está dirigida por el ministro de Asuntos Estratégicos, Avigdor Lieberman.
Las cuestiones enumeradas por Levy constituyen el núcleo de la problemática israelo-palestina.
La misma determinación mostró el ministro de Comercia e Industria, Eli Yishai, dirigente del partido ortodoxo Shass (12 diputados), que se niega «categóricamente» a quedar asociado a un acuerdo que suponga la fragmentación de Jerusalén.
Olmert se apoya en una coalición de 78 diputados de los 120 que integran el parlamento monocameral o Knesset.
Con unos índices de popularidad al alza, Benjamin Netanyahu, líder del Likud, el principal partido de la oposición conservadora, aguarda su hora con la esperanza de que sus aliados naturales, Yishai y Lieberman, se unan a él.
Según un sondeo publicado este jueves por el diario Yediot Aharonot, el 34% de sus compatriotas lo consideran como el mejor situado para asumir las funciones de primer ministro, por 17% que piensan en el ministro de Defensa, Ehud Barak, y 14% que se pronunciaron por Olmert.
El sondeo revela además que un 83% de los israelíes no creen en un acuerdo de paz con los palestinos en 2008, por 16% que se declararon optimistas y un 1% que no sabían o no contestaron.
Estas cifras colman de felicidad a la extrema derecha nacionalista y religiosa, así como a los colonos que se aferran al sueño del Gran Israel y rezan para que Annapolis fracase.
«Eretz Israel pertenece únicamente al pueblo judío (…) Lucharemos contra los planes criminales de Olmert», declaró a la AFP David Wilder, portavoz del Consejo de Asentamientos, que agrupa a unos 267.500 colonos de 130 asentamientos en Cisjordania.
Convocados por esta organización, miles de colonos se manifestaron el lunes en Jerusalén contra las «concesiones dolorosas» a las que Olmert se dijo dispuesto.
De lado palestino, la oposición también es viva.
«Todas las opciones son posibles para responder a un acto criminal, en particular después de que la conferencia de Annapolis diese a los sionistas (Israel, ndlr) luz verde para cometer más crímenes contra nuestro pueblo», anunciaron en un comunicado las Brigadas Ezzedin Al Qassam, brazo armado de Hamas.
Desde el domingo, el ejército israelí ha matado a 12 activistas palestinos, la mayoría de las filas de Hamas, que en junio se hizo con el control de la franja de Gaza.
Hamas, considerado en Occidente como una organización terrorista, advirtió de que considerara una «declaración de guerra» el arresto de sus miembros como parte de un intento por detener los ataques a Israel.
«Si la (Autoridad Palestina) detiene a nuestros combatientes o confisca nuestras armas», afirmó en el comunicado, eso «equivaldrá a una declaración de guerra».