China no escatima esfuerzos de pedagogía y «educación» para reservar la mejor acogida a las decenas de miles de visitantes extranjeros durante los Juegos Olímpicos del año próximo, pero el discurso nacionalista con contenidos a veces xenófobos sigue tan vivaz como siempre.
Desde hace meses, los pequineses están siendo invitados a «educarse» para preparar la llegada en agosto de medio millón de visitantes extranjeros previstos: campañas para no escupir, para respetar las filas de espera y clases de etiqueta.
También se han publicado libros sobre la manera de tratar a los «laowai», la expresión utilizada para designar a los que vienen de fuera.
Entre los títulos recientes, «En el mismo mundo, 101 preguntas para un extranjero» redactado por el antiguo responsable de la Oficina de Información del Gobierno, Zhao Qizheng.
«Â¿Qué va a ser lo más difícil en el momento de los Juegos Olímpicos? En el terreno deportivo, en infraestructuras, comida, vivienda, no habrá problemas, la dificultad serán las relaciones entre la gente simple y los extranjeros, no sólo por el idioma», explicó a la AFP.
En su libro destinado a un público chino, Zhao detalla las diferencias culturales para evitar torpezas, y destaca por ejemplo que los extranjeros pueden preferir no tener que brindar sin parar con sus interlocutores chinos…
No obstante, aunque el régimen no cesa de mostrar su voluntad de apertura al mundo exterior, sigue haciendo gala de nacionalismo, base de su principal legitimidad.
Una exposición oficial, inaugurada en Pekín en ocasión del último congreso del partido, acompañada de una serie de televisión, elogia «el renacimiento» de China.
Partiendo de las guerras del opio en el siglo XIX, de las invasiones de imperios coloniales, del saqueo del Palacio de Verano en 1860, hasta el último congreso del PCC, esta exposición, titulada «La vía del renacimiento», presenta al Partido Comunista como heredero legítimo de las corrientes nacionalistas que lucharon contra las invasiones extranjeras.
Desde octubre, más de un millón de personas la han visitado, la mayor parte en grupos organizados por las empresas o las administraciones.
«En los 18.000 comentarios de los visitantes, muchos proponen que sea presentada al conjunto de la sociedad de manera permanente, itinerante o mediante CD rom, para que el mayor número posible de gente, en particular los jóvenes, se interesen por el destino nacional y la seguridad del país, y amen aún más a nuestra nación», explicó el Diario del Pueblo, órgano del PCC.
«Así lo ha decidido la historia, los chinos deben ser aún más nacionalistas que los occidentales. Los chinos han sido insultados mucho tiempo por los extranjeros», afirma Zhao.
La obra más vendida de los últimos meses (500.000 ejemplares), «La guerra de las divisas», se inquieta por la creciente apertura de China a los capitales extranjeros desde la accesión a la Organización Mundial del Comercio en 2001, lo que demuestra que el discurso nacionalista tiene cierta resonancia en la población,.
«La finalidad de esta obra es desvelar las fuerzas invisibles que se encuentran detrás de los grandes acontecimientos financieros mundiales desde el siglo XVIII», figura escrito en el prólogo, y añade que el objetivo es «prever de dónde vendrá el próximo ataque contra China».
«La guerra ya ha comenzado, aunque no se vea el humo del cañón», añade el autor, Hong Songbing, que está viviendo en Estados Unidos y esgrime la teoría de la conspiración con una retórica digna de panfletos antisemitas, con una parte consagrada a la historia de la familia Rotschild.