El fin de la crisis en los transportes parecía perfilarse hoy en Francia, novena jornada de paro en ferrocarriles y servicio urbano, donde las asambleas generales deben decidir ahora si las negociaciones abiertas ayer justifican o no volver al trabajo.
Este jueves en la mañana, numerosas asambleas generales en ferrocarriles y en el servicio de transporte urbano de París votaron por la reanudación de las labores.
«El clima es de suspensión» de la huelga, aseguró Bernard Guidou, uno de los responsables de la filial en ferrocarriles de la Confederación General del Trabajo (CGT), primer sindicato en Francia.
Si bien el tráfico conocía aún trastornos, presentaba una sensible mejoría y el número de huelguistas había aún disminuido: 14,5% en la estatal compañía de ferrocarriles (SNCF), contra 22,8% un día antes y 64% el 14 de noviembre, primer día de la huelga.
Empresas, sindicatos y Estado iniciaron negociaciones tripartitas el miércoles para acomodar la reforma de los regímenes especiales de retiro, meollo del conflicto, cuyo resultado es decisivo para vislumbrar una salida de la crisis.
«Tuvimos los primeros anuncios positivos el miércoles, y un calendario legible de negociaciones que tienen en cuenta elementos solicitados por los ferroviarios, todo esto puede ser apreciado positivamente», explicó el dirigente de CGT.
Entre las propuestas abordadas durante las conversaciones, que podrían durar un mes, figuran aumentos de salarios o la creación de sistemas de jubilación complementario, que permita compensar la prolongación del tiempo de cotizaciones que según la reforma pasará de 37,5 a 40 años.
De todas maneras sigue pendiente la posición de algunos sindicatos que reclaman la total derogación de la reforma de los regímenes especiales de retiro, opción rechazada categóricamente por el presidente francés Nicolas Sarkozy.
Las negociaciones comenzaron en un clima de tensión cuando se supo que líneas del Tren de Alta Velocidad (TGV) habían sido blanco de actos de «sabotaje», según denunció la dirección de la SNCF, que fueron condenados de forma unánime por gobierno, sindicatos y compañía.
La patronal ferroviaria advirtió el miércoles sobre las consecuencias «catastróficas» de la huelga para la economía francesa.
Aunque la SNCF y la RATP -que controla el transporte urbano parisino- afirmaban el jueves que se registraba una «clara tendencia al reintegro al trabajo», los metros seguían presentando importantes trastornos.
Como en días anteriores, la circulación de vehículos en las rutas y autopistas en los alrededores de París volvió a estar perturbada.
En su pugna con los sindicatos del transporte, Sarkozy cuenta con el apoyo de la opinión pública, pues el 68% de los franceses consideran que la huelga no se justifica, según un reciente sondeo.
El presidente francés, Nicolas Sarkozy, reafirmó el martes que «Francia necesita reformas» y subrayó que «no cederá» ante las protestas, en su primera aparición pública desde el inicio de la huelga.
«Francia necesita reformas para hacer frente a los desafíos que el mundo le impone. Esas reformas han tardado demasiado», afirmó.
Por otra parte, en el sector de los estudiantes, el dirigente del principal sindicato, Bruno Julliard, consideró que una vuelta a la normalidad en las universidades es previsible, a condición de que el gobierno inicie «negociaciones en el más breve plazo».
De su lado, los estudiantes secundarios comenzaban a sumarse al movimiento estudiantil contra una ley de autonomía financiera de las universidades. El jueves, nueve liceos de París y otros tantos en el interior de Francia fueron ocupados por los alumnos.