Los australianos están llamados a las urnas el sábado en unas elecciones legislativas que podrían ver al país girar a la izquierda, tras más de diez años de hegemonía conservadora, al término de una campaña dominada por el cambio climático y la política exterior.
A pocos días de los comicios, el primer ministro John Howard, de 69 años -que desde hace semanas aparece como gran perdedor- seguía mal situado en los sondeos, detrás de su rival Kevin Rudd, que conseguía el 54% de las intenciones de voto.
Pese a una salud económica probada, una tasa de desempleo en su nivel más bajo (4,3% en octubre) y un crecimiento estable, los australianos parecen favorecer el cambio encarnado por Rudd, de 50 años.
Howard advirtió a los electores contra un eventual giro a la izquierda. «Siempre existe un peligro al cambiar de gobierno, Australia no será la misma», advirtió. Las elecciones «no son como un regalo de Navidad que se puede devolver al día siguiente si no les gusta», afirmó.
La popularidad del jefe de Gobierno se resintió a raíz de su apoyo incondicional a Estados Unidos y de su decisión de mantener, contra viento y marea, a las tropas australianas en Irak.
La oposición prometió, precisamente, devolver a casa a los 1.500 militares australianos que continúan desplegados en ese país.
Howard perdió también terreno en otro de los principales temas de la campaña electoral: el del cambio climático. Y es que, pese a que ahora admite la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, el primer ministro saliente tiende a minimizar la urgencia. «El cambio climático es un problema serio, pero el fin del mundo no llegará mañana», afirmó recientemente.
Australia es el único país industrializado, junto a Estados Unidos, que no firmó el protocolo de Kioto.
En un país de la talla de un continente afectado desde hace diez años por una sequía crónica, acompañada de importantes incendios, Rudd convirtió la lucha contra el cambio climático en una cruzada que le valió gran parte de su popularidad.
Si es elegido, Rudd prometió ratificar el protocolo de Kioto y viajar a Bali en diciembre para participar en la conferencia de la ONU que debe lanzar las negociaciones para prolongar el protocolo de Kioto, cuya primera fase expira en 2012.
Al término de seis semanas de campaña electoral, el líder laborista se desmarcó de los conservadores en varios aspectos que interesan al electorado.
Así, por ejemplo, milita a favor de la derogación de una controvertida reforma del derecho laboral que entró en vigor en marzo de 2006 para reforzar el contrato individual e instaurar mayor flexibilidad.
Para ganar el sábado y lograr la mayoría de los 150 escaños del Parlamento, los laboristas deben ganar 16 escaños más de los 59 que lograron en 2004.
Según Martin O’Shannessy, del instituto de sondeos Newspoll, los laboristas podrían obtener entre «14 y 20 nuevos escaños, todo es posible, el resultado final será ajustado».