También los empleados públicos


Una mujer coloca una bandera roja sobre una estatua, como parte de las protestas que afectan y conmocionan el tejido social de Francia.

La agitación social aumentó hoy en Francia cuando empleados públicos y de algunos sectores privados se sumaron a la protesta que mantienen desde hace una semana los trabajadores del transporte y los estudiantes contra las reformas del presidente Nicolas Sarkozy.


La huelga de funcionarios, limitada a la jornada del martes, fue organizada para reclamar aumentos de salario y protestar contra las reducciones de personal.

Los ocho sindicatos que representan a los empleados públicos llamaron a los más de 5 millones de asalariados del sector a cesar sus labores y a manifestar para pedir mejores sueldos, destacando que durante el presente año no han recibido ningún aumento.

La protesta también está dirigida contra la supresión de 22.900 empleos en la función pública, la mitad de ellos en la Educación, previstos por el gobierno francés para 2008.

El propio ministro del Presupuesto y de la Función Pública, Eric Woerth, estimó que la movilización de los funcionarios «será importante».

El movimiento, que al parecer tendrá gran envergadura, constituye una seria advertencia para el Gobierno, en momentos en que los franceses, descontentos por la pérdida de su poder adquisitivo, manifiestan su simpatí­a por la acción de los funcionarios, según diversos observadores.

Los sindicatos evocaron eventuales convergencias entre el movimiento de los funcionarios y la protesta contra la reforma de los regí­menes especiales de jubilación, iniciada hace una semana en los ferrocarriles y en el transporte público urbano en Parí­s.

Para el miércoles se prevé el comienzo de negociaciones en las dos empresas concernidas, la SNCF (ferrocarriles) y la RATP (transporte urbano de Parí­s). De todos modos, este martes continuaban las perturbaciones en la circulación de metros, trenes y autobuses. Y por el momento no se vislumbra un retorno a la situación normal.

En Parí­s, en la mañana del martes circulaba un metro de cada tres y el 40% de los autobuses, pero el tráfico era casi inexistente en las dos grandes lí­neas de trenes de cercaní­as, en que cada dí­a viajan 1,5 millones de personas procedentes del cinturón urbano.

En las carreteras, se registraron a primera hora de la mañana cerca de 300 km del atascos y retenciones alrededor de la capital y más de 220 en provincias.

En la SNCF y la RATP, las asambleas generales del personal votaron masivamente a favor de prolongar el movimiento el martes para mantener la presión antes de las negociaciones del miércoles.

A los trastornos en la circulación de trenes y del transporte urbano se sumaron el martes problemas en el tráfico aéreo, provocados por una huelga de controladores.

En los dos grandes aeropuertos de Parí­s el tráfico sufrí­a perturbaciones por la mañana, con retrasos de entre 30 y 45 minutos y la anulación de algunos vuelos, entre ellos uno de Iberia con destino a Madrid.

La huelga de funcionarios incluí­a escuelas, hospitales y correos, así­ como a los agentes del tesoro público y sectores de la defensa. Los sindicatos también llamaron al paro en el Banco de Francia, en France Telecom y en el servicio de meteorologí­a Meteo France, en protesta contra las reestructuraciones y la «insuficiencia de efectivos».

También llamaron a la huelga sindicatos de la energí­a, de los empleados de comercio y de la construcción.

Sin embargo, en la mañana del martes los diarios nacionales no comentaban el paro, debido a que una huelga la ví­spera en el sector gráfico impidió que la prensa llegara a los kioscos.

Si bien los sindicatos estaban divididos sobre la conveniencia de vincular las acciones de los funcionarios y de los trabajadores del transporte en la misma jornada, los estudiantes, que están movilizados contra una ley de autonomí­a presupuestaria de la universidades, llamaron sin ambages a unirse al paro de hoy.

Más de cincuenta asambleas generales de estudiantes están programadas para esta semana, incluso en universidades que hasta ahora no aparecí­an muy implicadas en el movimiento.

Y el movimiento de los estudiantes podrí­a extenderse a los centros de educación secundaria.