Israel pidió el jueves por primera vez la destitución del jefe de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), Mohamed ElBaradei, al que acusó de «poner en peligro la paz mundial» y cerrar los ojos ante el polémico programa nuclear que desarrolla Irán.
«La política que lleva a cabo ElBaradei pone en peligro la paz mundial. Su actitud irresponsable, que consiste en enterrar la cabeza en la arena en lo que concierne el programa nuclear iraní, debe implicar su destitución», afirmó el viceprimer ministro israelí Saúl Mofaz, en una entrevista con la radio pública israelí.
El Estado hebreo apuesta por nuevas sanciones internacionales contra Teherán, al que acusa de querer fabricar la bomba atómica e incrementó en los últimos días su presión sobre la AIEA y su director, de nacionalidad egipcia, quien afirmó en octubre que no tenía pruebas de que Teherán estuviera intentando dotarse del arma nuclear.
En Viena, donde la AIEA tiene su sede, las palabras del responsable israelí no suscitaron ninguna reacción oficial.
Las declaraciones de Mofaz se producen poco antes de la publicación de un nuevo informe sobre el programa nuclear iraní, que servirá de base para las discusiones dentro de la ONU con vistas a nuevas sanciones económicas más severas contra Irán.
El responsable israelí dirige en Washington un equipo encargado del diálogo estratégico con Estados Unidos sobre el controvertido programa nuclear de Irán y ha suministrado a Washington informaciones muy precisas sobre las intenciones reales de Teherán, según responsables del Estado hebreo.
«ElBaradei afirma que no tiene pruebas sobre el programa nuclear iraní pero cuenta con informaciones recogidas en varios países y dirige una organización encargada precisamente de este tipo de informaciones», explicó Mofaz.
Este dirigente israelí, que es ex jefe del Estado mayor, admitió sin embargo que Irán no había llegado todavía a un punto en el que no hay marcha atrás posible. «El desarrollo de las infraestructuras necesarias para el enriquecimiento de uranio es más lento de lo que dicen los responsables iraníes», explicó.
El miércoles, el presidente iraní, Mahmud Ahmadinejad, declaró que su país ya disponía de 3.000 centrifugadoras, una cifra simbólica que teóricamente le permitiría obtener en menos de un año suficiente uranio enriquecido para fabricar una bomba atómica.
Citado por el diario Jerusalem Post, el ministro de Defensa israelí, Ehud Barak, aseguró que no se descartaba ninguna opción frente a Irán. «No descartamos ninguna opción y debemos estudiar los aspectos operacionales», explicó.
Según Efraim Asculai, investigador del Instituto de Estudios sobre la Seguridad Nacional de Tel Aviv, ElBaradei «actúa siguiendo motivaciones políticas cuando el organismo que preside debe presentar informes técnicos».
«Â¿Cómo se puede por un lado pretender que Irán podría tener una bomba atómica dentro de tres años y afirmar por otro que no se tienen pruebas de que el país esté desarrollando un programa nuclear con fines militares?», se preguntó el experto.
Hasta el momento, Teherán niega que su programa nuclear tenga por fin la fabricación del arma atómica e insiste en que sus fines son puramente civiles, por lo cual no está dispuesto a detener el enriquecimiento del uranio.
Según expertos, Israel, que se ha negado hasta ahora a firmar el Tratado de No Proliferación nuclear, cuenta con 200 ojivas nucleares y de misiles de largo alcance.
Faltan tres semanas para la reunión internacional sobre Oriente Medio y el pesimismo aumenta en Israel, escéptico sobre las posibilidades de obtener algún resultado positivo, lo cual incrementa el riesgo de una gran operación militar contra la franja de Gaza, controlada por Hamas.
Los servicios de seguridad exterior (Mossad) e interior (Shin Beth) israelíes y la inteligencia militar han enviado un informe común al primer ministro, Ehud Olmert, advirtiéndole de que el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, no podrá en ningún caso aplicar el posible acuerdo de paz al que se llegue el próximo 26 de noviembre en Annapolis (Maryland, este de Estados Unidos).
«Ni siquiera es capaz de detener a los ladrones y a los traficantes de droga», reza este informe publicado parcialmente el jueves por la radio militar israelí.
Según los servicios de inteligencia militar, Abas habría incluso perdido su influencia sobre grupos armados vinculados a su propio partido, el Fatah, y su papel actual se reduciría a entregar salarios a sus funcionarios y a los miembros de sus propios servicios de seguridad.
Cuestionado por la prensa sobre este informe, el ministro de Fomento israelí, Binyamin Ben Eliezer, respondió: «Conozco los datos pero debemos correr ciertos riesgos».
«Hay que preservar un horizonte político pero sin olvidar el estado real de la Autoridad Palestina», declaró por su parte a la radio militar el viceprimer ministro israelí, Saúl Mofaz.
«Aconsejo a todas las partes, incluidos los palestinos, que fijen objetivos razonables para que no haya decepciones que provoquen una degradación de la situación», agregó.
Según un reciente sondeo, un 51% de los israelíes comparte el pesimismo del gobierno y sólo un 40% cree que esta reunión internacional aumentará las posibilidades de llegar a un acuerdo con los palestinos.
Para el ministro israelí de Defensa, Ehud Barak, la prioridad es poner fin a los disparos de cohetes desde la franja de Gaza, controlada por el movimiento islámico Hamas desde mediados de junio.
Según este responsable, «cada día que pasa» aumentan las posibilidades de una operación militar de envergadura en Gaza.
Barak dio a entender además que deseaba que Siria participara de alguna manera en esta reunión de Annapolis. Según la prensa israelí, el ministro laborista de Defensa desearía obtener, en contrapartida a una negociación con los palestinos, un diálogo directo con Damasco que permitiría disociar a este país de Irán, «principal enemigo estratégico» de Israel.
En el lado palestino, el tono no es tampoco demasiado optimista. Yibril Rayub, responsable del Fatah, alertó del riesgo de echar a perder este encuentro internacional.
«No aprovechar esta oportunidad histórica comprometería el equilibrio regional y la paz mundial», declaró.
Para Azzam el Ahmed, presidente del grupo parlamentario del Fatah, «Estados Unidos debe ejercer una presión sobre Israel para que aplique las resoluciones internacionales y la Hoja de Ruta».
Este plan de paz internacional, lanzado en 2003 y que hasta ahora no se ha podido poner en práctica, prevé, entre otros, la creación de un Estado palestino, el fin de la colonización israelí y la interrupción de la violencia entre grupos armados palestinos.
Para Rafiq Husseini, director del gabinete de Abas, «la cuestión fundamental es Jerusalén», que israelíes y palestinos se disputan, y según él, su pueblo «no aceptará jamás que otra ciudad se convierta en capital de su futuro Estado».