Una vida de desafí­os



Por fortuna, la de los seres humanos es siempre una vida de constantes desafí­os en la búsqueda de las mejores condiciones y por ello ahora, cuando se inicia el perí­odo de la transición del gobierno del Presidente í“scar Berger hacia el que encabezará a partir de enero próximo ílvaro Colom, es importante ver que esa constante de desafí­os nos presenta también una serie de oportunidades para preservar aquellas pocas cosas que marchan bien y para emprender transformaciones profundas en las cosas que requieren de un cambio y que son muchas.

Especialmente hay que ponerle atención al tema social, puesto que tenemos un rezago tremendo y cuando en los años ochenta Vinicio Cerezo habló de la deuda social, muchos no entendieron la dimensión del concepto y al dí­a de hoy podemos decir que la misma se ha incrementado, que lejos de haberla amortizado es hoy mucho mayor porque desafortunadamente no hemos tenido la capacidad de construir un sistema en el que se prodiguen las oportunidades para todos los habitantes del paí­s y seguimos exportando a nuestros seres humanos cuyo trabajo permite el crecimiento constante de las remesas familiares que ya son el principal ingreso de divisas para el paí­s.

Pero lo más dramático es que ni siquiera ese «producto de exportación» cuidamos y protegemos, porque no nos ocupamos siquiera de darles alimentación adecuada a nuestros niños y ello les marca para toda su vida porque según todos los estudios cientí­ficos, lo que un niño no alcanza en crecimiento en sus primeros años ya no lo repone más tarde y los daños fí­sicos e intelectuales son muy marcados por la insuficiente ingesta de alimentos. Si a ello sumamos que en educación todaví­a tenemos mucho terreno por recorrer, nos daremos cuenta que el lastre que arrastramos hoy se proyectará durante al menos una generación y que es urgente empezar a revertir ese fenómeno patético y terrible.

Obviamente el desafí­o de conciliar las aspiraciones de los guatemaltecos del interior del paí­s, que le dieron el triunfo al Presidente electo, con las de los capitalinos que centraron su preocupación en la seguridad es grande, y con alto grado de dificultad porque nos falta mucho en materia de solidaridad para entender ese drama que constituye la Guatemala que los capitalinos queremos invisibilizar.

Por ello insistimos en que el liderazgo de Colom tiene que ser impoluto, casi como de niño vestido de primera comunión, porque sólo así­ tendrá el poder de convocatoria para lograr la unidad que ahora ofrece como su herramienta de trabajo, puesto que la experiencia nos advierte que el polí­tico cuya fuerza está en la ruralidad provoca reacciones suspicaces, cuando no anticuerpos, en las élites urbanas.