Soda Stereo


Unas 140.000 almas, en su mayorí­a jóvenes y adolescentes, asistieron a otros dos nostálgicos recitales de la banda argentina de ’rock and pop’ Soda Stereo, cuya próxima escala en la gira ’Me verás volver’ será la ciudad mexicana de Monterrey.


Fue otro momento mágico de ’revival’ (rememorar) en el estadio Monumental, donde se abrió el cajón de los recuerdos para vivir un ’deja vu’ (ya visto) con todas las ganas y, al cabo, un ejercicio ’retro’ tan del siglo XXI con su sequí­a de creatividad.

«Â¡Olé, olé, olé, olá … Sodá, Sodá!», con acento en la ’á’, para no desafiar las reglas de la rima, cantaba y saltaba la multitud las dos noches, la primera cálida y la segunda atravesada por un viento helado de invierno en pleno verano austral.

Y después de una treintena de canciones Cerati jugó también con aquella famosa frase de la despedida en 1997, al gritar desde el escenario «Â¡Gracias!» y extender enseguida el brazo con el micrófono hacia los fanáticos para que se escuchase un estruendoso «Â¡Totales!».

El clí­max de euforia lo habí­a logrado Soda pocas veces, sin embargo, con su rock sobrio, de estupenda técnica, pero algo frí­o con la belleza melancólica de sus letras, pero sin el fuego de la transgresión o el alarido visceral.

La gente deliró y bailó en las tribunas y la cancha con «De música ligera», que siguió encadenada sin pausa detrás de «Un millón de años luz», en un espectáculo exquisito, con pantallas y efectos lumí­nicos que nada pueden envidiar a los mejores shows roqueros de paí­ses desarrollados.

«Me gustaba la idea de que mis hijos vieran a Soda Stereo alguna vez», declaró Cerati, quien vistió de negro como el calvo bajista Zeta Bosio y el baterista Charly Alberti, prodigiosos al interpretar «Disco eterno».

Cerati parecí­a al final Clint Eastwood en la pelí­cula ’El jinete pálido’ cuando salió de las sombras con un sombrero de western para tocar los celebrados bises de «Nada personal» y «Te hacen falta vitaminas».

La banda habí­a mostrado su virtuosismo en «Juegos de seducción» e hizo de nuevo saltar de sus asientos a quienes colmaban las plateas al tocar «En la ciudad de la furia».

Pero en otras canciones de estilo intimista, Soda invitaba a escuchar sin fervor, como si el estadio de fútbol fuera el living de la casa y no el escenario de un ritual colectivo desenfrenado y vital.

«Â¡Y les decimos a los periodistas que publican que estamos peleados, que aquí­ hacemos el amor juntos arriba del escenario!», bramó en un instante Cerati, como sacándose un peso de encima y respondiéndole a alguien anónimo.

Cada expresión suya fue festejada por un público formado por una abrumadora mayorí­a de jóvenes adultos que los idolatran desde los años 80, mezclados con adolescentes y no pocos cincuentones.

Las dos noches en el estadio de River Plate fueron las últimas antes del último regreso, que Cerati anunció para el 21 de diciembre en el Monumental.

El retorno habí­a arrancado con otros tres recitales en River en octubre y un Santiago de Chile a todo trapo, para saltar ahora hacia el Estadio Universitario de Monterrey en México, en una gira que seguirá en Guadalajara y el Distrito Federal.

El largo adiós tendrá luego escalas en Los Angeles, Bogotá, Panamá, Venezuela, Miami, Lima y de nuevo en Argentina el 15 de diciembre en el estadio de Chateau Carreras, en la provincia de Córdoba (centro).