No será fácil



Desde antes de las elecciones dijimos que para el gobierno que resultara electo no serí­a fácil la tarea por la conjugación de factores adversos que se dan en la realidad nacional. Pero uno de los dos candidatos tení­a que obtener el triunfo y corresponderá al ingeniero ílvaro Colom Caballeros asumir la Presidencia de la República en medio de esas condiciones y deberá mostrar enorme talento y capacidad para superar las dificultades naturales que implica hacerse cargo de un Estado cuasi fallido en perí­odo de crisis económica mundial.

Los ciudadanos tendremos que dar un perí­odo razonable al nuevo gobierno para que muestre su verdadero compromiso, esa especie de luna de miel que se acostumbra y que cada vez se vuelve menos prolongada. En esta ocasión hay que ver que el más largo perí­odo de transición puede ser arma de dos filos, porque por un lado dará la sensación de que el nuevo equipo llega mejor preparado y la ciudadaní­a exigirá resultados más pronto, pero también marca el inicio del desgaste del régimen porque aún sin asumir, los nuevos ministros empezarán a ser escrutados.

La verdad es que el triunfo de Colom evidencia, sobre cualquier otra cosa, la dicotomí­a entre la Guatemala profunda de la ruralidad ajena a la presión de los medios de comunicación, y la Guatemala urbana tan influenciada por éstos y con una visión tan distinta de la realidad. El supuesto voto ilustrado votó por la mano dura, mientras que el supuesto voto menos preparado votó en busca de otro tipo de esperanza, intangible al fin de cuentas, pero que evidencia la creencia de que el camino no pasa por las visiones autoritarias del pasado.

Para Colom el reto es muy grande, porque tendrá que satisfacer a sus electores y lidiar con la presión de una Guatemala urbana que, con sus medios, se vuelve implacable para tratar a los advenedizos que no reciben su bendición. El antecedente de un presidente electo por el voto del interior permite vislumbrar las consecuencias de ese choque entre los grupos dominantes que desde la Ciudad operan con enorme poder, y un gobierno investido sin su visto bueno.

Si Colom aprende las lecciones de la historia, puede avanzar. No debe dejarse mangonear como lo hizo Portillo por esos grupos corruptos del crimen organizado que quieren preservar sus privilegios. Si los hace a un lado y los desmantela, estará mejor situado para defenderse de la andanada del gran poder económico y de sus medios. De lo contrario, será presa fácil del descrédito provocado por una prensa que será implacable para juzgar todos y cada uno de sus actos por el hecho de que no fue el candidato del sistema, pero que encontrará municiones en el papel que jueguen esos cí­rculos cercanos al Presidente.