La Asamblea General de la ONU se pronunciará mañana sobre el embargo que Estados Unidos aplica desde hace décadas a Cuba, cuyo gobierno anticipa una condena a Washington por «abrumadora mayoría».
Como todos los años, el foro mundial examinará la política norteamericana hacia Cuba, pero esta vez el debate se produce pocos días después de un polémico discurso del presidente George W. Bush, que prometió endurecerla.
En 2006, el apoyo fue virtualmente unánime: la condena al embargo recabó el respaldo de un país más que el año anterior, con 183 votos a favor, 4 en contra -Estados Unidos, Israel, Palau e Islas Marshall- y 1 abstención, Micronesia.
De los 59 países que apoyaron el texto contra Estados Unidos en 1992, año en que se votó por primera vez, la cifra ha ido aumentando a 179 en 2004, 182 en 2005 y 183 en esta ocasión.
«Este año también esperamos una mayoría abrumadora contra el bloqueo», comentó a la AFP un diplomático cubano. Se anticipa la llegada a Nueva York de una delegación de la cancillería cubana para participar en la Asamblea General.
El diario oficial cubano Granma anticipó en un artículo publicado este lunes que «se espera que sea una reedición de la severa condena internacional a Washington». Varias cancillerías de América Latina confirmaron el pronóstico.
El año pasado, la votación fue seguida paso a paso desde La Habana por el presidente Fidel Castro, alejado de la vida pública por problemas de salud pero que da una importancia capital al pronunciamiento anual en Naciones Unidas.
El liderazgo de Cuba en el movimiento de países no alineados y la impopularidad internacional de George W. Bush juega a favor de Castro en la pugna de la ONU, que ya es un rito de la relación antagónica con Estados Unidos.
Las sanciones económicas estadounidenses a Cuba datan de 1962, tras la frustrada invasión de Bahía de Cochinos, y fueron decididas por el entonces presidente estadounidense, John Fitzerald Kennedy.
Fue la primera de una serie de medidas de carácter económico y comercial para aislar al régimen de Fidel Castro, a las que siguieron, entre otras, la ley Helms-Burton, la ley Torricelli y las restricciones a los viajes a la isla.
La semana pasada, Bush sorprendió con un discurso en el que se dirigió a los militares cubanos e instó a un levantamiento contra el régimen castrista.
«Algunos de ustedes son miembros de las Fuerzas Armadas cubanas, la policía, son funcionarios del gobierno. Quizás ustedes creyeron alguna vez en la revolución, ahora pueden ver que ha fracasado», afirmó el presidente de Estados Unidos, en un discurso ofrecido en el Departamento de Estado.
«Cuando los cubanos se levanten para exigir su libertad, la libertad que merecen, ustedes tienen que tomar una decisión: van a defender a un viejo orden desacreditado usando la fuerza contra su propio pueblo o van a abrazar el deseo de su pueblo de un cambio», agregó Bush.
La oposición cubana teme que el endurecimiento de Washington sea contraproducente y provoque más rigidez en Cuba. A Bush le queda un año en el poder y si no hay cambios importantes en la isla, el futuro de la relación se definirá en buena medida en las próximas elecciones de Estados Unidos.