Volver a la normalidad polí­tica


Un hombre deposita su voto en la urna, el pasado domingo en Polonia, cuando se eligió un nuevo parlamento. La población eligió cambiar de un gobierno conservador, por uno liberal pro europeo. (XINHUA / La Hora)

Polonia abrió una nueva etapa polí­tica con la elección esta semana del liberal Donald Tusk como primer ministro, cuya principal tarea será sanar las heridas dentro y fuera del paí­s causadas por el conflictivo gobierno de los hermanos Kaczynski.


Tusk, lí­der de la Plataforma Cí­vica (PO) que ganó 209 escaños de los 460 de la Dieta polaca, está dispuesto a formar gobierno cuanto antes, y su primer paso para ello fue establecer contacto con el lí­der del Partido Campesino (centrista), Waldemar Pawlak.

Con los 31 escaños de Pawlak, que podrí­a convertirse en su viceprimer ministro, Tusk cuenta ponerse rápidamente manos a la obra para modernizar el aparato burocrático polaco, simplificar la fiscalidad y sobre todo, frenar el revanchismo histórico dentro y fuera del paí­s.

En dos años de gobierno, los hermanos gemelos Jaroslav y Lech Kaczynski consiguieron dividir a la sociedad con sus iniciativas, como la de obligar a los ciudadanos que querí­an aspirar a cargos públicos a demostrar que no habí­an colaborado con el régimen comunista.

Polonia también protagonizó un agrio forcejeo con Alemania durante los recientes debates sobre el minitratado constitucional europeo, pidiendo constantemente mayor peso polí­tico dentro de una compleja Unión Europea de 27 miembros.

Las primeras visitas al extranjero como primer ministro serán Bruselas, Washington y Moscú, anunció de entrada Tusk, antes de empezar las negociaciones para formar nuevo gobierno.

«Me pregunto si yendo a Bruselas voy al extranjero. Todos estamos en la Unión Europea y por eso simplemente voy a Europa», explicó el pasado martes.

Mientras que con Moscú existen temas pendientes tras otra polémica de los hermanos Kaczynski sobre un veto ruso a la carne polaca, Washington sigue siendo «nuestro aliado más cercano», declaró Tusk.

Paradójicamente, Tusk podrí­a provocar roces con el gobierno de George W. Bush si quiere cumplir su promesa electoral de retirar los 900 soldados polacos de Irak cuanto antes.

Sin embargo, esos reajustes de la polí­tica exterior polaca puede quedarse pequeños ante la futura cohabitación con el presidente Lech Kaczynski, que por el momento ni siquiera ha felicitado a Tusk por su victoria.

«Lech Kaczynski no tiene ningún deber de felicitar a nadie (…), pero espero que no será el presidente de un sólo partido polí­tico. Vamos a convencerle de que la cooperación es mejor que la guerra», dijo Tusk.

El hermano y primer ministro saliente, Jaroslaw Kaczynski, prometió por su parte, al frente de sus 166 diputados, una oposición «dura» para «defender los intereses nacionales».

Polonia protagonizó en los últimos años un destacado crecimiento económico, con un 6,5% previsto para este año (al alza).

Al mismo tiempo, su anquilosada administración pública y el nivel alarmante de corrupción, uno de los caballos de batalla del anterior gobierno, provocó un éxodo de dos millones de polacos en búsqueda de oportunidades en el extranjero.

Tusk deberá enfrentarse a esos desequilibrios internos sin provocar el miedo de los funcionarios, pero sin decepcionar tampoco a la nueva clase media urbana, los jóvenes que votaron por su plataforma con deseos de cambios y mirando siempre a Europa, a la búsqueda de una mayor integración.