Los antiguos peshmergas se preparan para el combate



El temor de un conflicto abierto con Turquí­a es todaví­a una perspectiva lejana para muchos kurdos de Irak, pero Hochiar, antiguo combatiente «peshmerga» (milicia kurda iraquí­), ya está preparado para retomar las armas.

«Estoy dispuesto a regresar a la vida activa», explica en su casa de Erbil este hombre de 60 años, que pasó 25 de ellos combatiendo al régimen de Bagdad.

Y no dudarí­a en emprender de nuevo el camino del frente si las tropas turcas atacasen el Kurdistán, región autónoma del norte de Irak, para expulsar a los rebeldes del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK).

Muchos de sus compatriotas, que como Hochiar viven vidas menos belicosas desde la caí­da de Sadam Hussein en 2003, están dispuestos a hacer como él. «Todos somos peshmergas», afirma.

Según testigos, grupos de peshmergas -combatientes tradicionales enrolados actualmente en las fuerzas controladas por el gobierno regional kurdo- ya se habrí­an movilizado en las cercaní­as de la frontera con Turquí­a.

En Zakho, la ciudad más cercana de la frontera -con 180.000 habitantes- la perspectiva de un enfrentamiento está presente en todas las mentes.

«La gente teme las consecuencias económicas para la ciudad», explica a la AFP un periodista de la televisión kurda, Rachid Zakhoiy.

«Los turcos ya nos han bombardeado con misiles en el pasado. Esto dejó muertos, afectó a los negocios, destruyó las cosechas, sin alcanzar al PKK», agrega Rachid Zakhoiy.

Los combatientes del PKK, estimados en unos 3.500 por Ankara, están instalados en el macizo del Qandil, al este de Zakho, en los confines de Irak, Turquí­a e Irán. Son, por lo menos, tolerados por el gobierno regional, que no puede ignorar los sentimientos de solidaridad étnica y familiar anclados en la población.

El mismo tiempo, los lazos comerciales con Turquí­a son muy estrechos. Muchas empresas turcas tienen locales en Zakho y los camiones van y vienen entre el sur de Turquí­a y el norte de Irak.

«La electricidad de Zakho viene de Turquí­a. Los habitantes quieren mantener relaciones normales con los turcos por simples motivos comerciales», explica Rachid.

«Todo el mundo mira la televisión turca y los aficionados se apasionan por el campeonato turco de fútbol y apoyan a los equipos turcos», agrega.

Pero para Hochiar, el comercio no puede eclipsar la polí­tica. «Los turcos no cambiarán nunca de actitud con respecto a la cuestión kurda», afirma. «No quieren en absoluto que el proceso actual de autonomí­a del Kurdistán se desarrolle con normalidad, porque para ellos esto representa un peligro de contaminación para los poblaciones kurdas de su paí­s», considera.

En su opinión, Ankara utiliza el pretexto de la presencia del PKK para «amenazar con represalias al Kurdistán». En cuanto al PKK, dice, «su lucha ya no es de actualidad, a pesar de que un buen número de kurdos les apoyen».