La ex primera ministra paquistaní Benazir Bhutto confirmó hoy en Dubai que regresará mañana a Pakistán para poner fin a ocho años de exilio voluntario.
«Sí, regreso», declaró a un grupo de periodistas en respuesta a la pregunta de si aún pensaba abandonar Dubai el jueves de mañana con destino a Karachi, la gran ciudad del sur del país.
Bhutto, de 54 años, hizo esta brevísima declaración al entrar a un gran hotel de Dubai donde ofreció una conferencia de prensa.
«En momentos en que me preparo a partir» hacia Pakistán, «ruego a Dios» para poder «llevar la democracia a mi país y satisfacer las aspiraciones de mi pueblo», declaró luego, durante la conferencia de prensa.
El gobierno del presidente Pervez Musharraf aumentó estos últimos días sus presiones sobre la ex primera ministra para intentar persuadirla de aplazar su regreso, mientras Bhutto dice temer un complot en su contra de parte de ex oficiales del ejército.
En una entrevista con la televisión británica Sky News, Bhutto advirtió el martes a las autoridades paquistaníes contra toda represión de sus partidarios durante su regreso al país.
También estimó que era posible que intentaran asesinarla a su llegada a Karachi.
«No creo que un musulmán auténtico pueda atacarme. El islam prohíbe los ataques suicidas», respondió no obstante Bhutto en el hotel de Dubai al cual llegó con casi una hora y media de retraso para la conferencia de prensa.
«Soy una líder del pueblo. Dí mi palabra al pueblo de Pakistán. Nada me es más importante que mi palabra. Una vez que fijé una fecha, debo cumplirla», respondió a la pregunta de si no aplazaría su regreso.
Al mencionar la espera febril de miles de sus partidarios, la jefa del Partido del Pueblo Paquistaní (PPP) declaró: «Estoy orgullosa de que no hayan sido intimidados. Les agradezco desde el fondo de mi corazón».
«No tenemos que estar de acuerdo sobre todo. Dejemos al pueblo decidir la política que desea», agregó Bhutto en referencia a la situación política en Pakistán, donde hay legislativas previstas para mediados de enero de 2008.
Bhutto dirigió Pakistán en dos oportunidades, de 1988 a 1990 y de 1993 a 1996.
Tanto ella como su marido son blanco de acusaciones sobre enormes desvíos de fondos públicos durante sus dos pasajes por el poder, aunque estos desvíos de fondos nunca fueron formalmente demostrados.
Estas acusaciones, así como sus largas negociaciones con el general Musharraf para repartirse el poder, afectaron gravemente su popularidad en su país.
Otros dos grandes problemas tornan muy incierto el regreso de Bhutto a la vida política paquistaní.
Por un lado, el decreto de amnistía firmado el 5 de octubre por Musharraf que abandona las demandas contra la ex primera ministra por corrupción, condición que Bhutto planteaba a un reparto del poder, es puesto en tela de juicio ante la Corte Suprema de Pakistán, que podría declararlo inválido tras su retorno, permitiendo así su arresto.
Por otro lado, todo acuerdo de reparto del poder está sometido al futuro político incierto del general Musharraf.
El jefe de Estado ganó cómodamente la elección presidencial en el parlamento el 6 de octubre, pero su reelección está suspendida a un fallo –esperado en los próximos días– de la Corte Suprema sobre su elegibilidad y la validez del escrutinio.
Si su victoria es invalidada, el entorno del general-presidente, que asumió el poder hace ocho años en un golpe de Estado sin derramamiento de sangre, no ha escondido que impondría el estado de excepción.