No tiene nombre ni partido político, pero sí nacionalidad: el eurodiputado de más que reclama Italia en el reparto de bancas para el Parlamento Europeo se ha convertido en una de los grandes obstáculos de la cumbre de Lisboa que busca adoptar el nuevo tratado comunitario.
La negativa de Italia de aceptar ese reparto y la objeción de Polonia al nuevo sistema de votos por mayoría calificada son los problemas «más espinosos» de cara a la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de los 27 que se abre el jueves, admitió la presidencia portuguesa del bloque.
Según el paquete de reformas institucionales negociado con el nuevo tratado europeo en junio pasado, la Eurocámara reducirá a partir de 2009 su número de miembros de 785 a 750 bancas, con un límite máximo por país de 96 miembros y un piso de seis.
Esta reducción, aprobada por el Parlamento Europeo el pasado jueves, hará que Alemania pierda tres bancas (96 contra 99 actualmente), Francia cuatro (74 contra 78), el Reino Unido cinco (73 contra 78), Italia seis (72 contra 78) y Polonia tres (51 contra 54).
En el cálculo se utiliza el principio de «proporcionalidad decreciente», por el cual los Estados más poblados aceptan tener menos escaños de los que les corresponderían si fueran calculados de manera proporcional a su número de habitantes para permitir una representación más justa de los países más pequeños.
España, subrepresentada hasta el momento, será el único de los grandes países del bloque que no perderá legisladores, conservando sus 54 bancas.
Si en total son 17 los países que ceden bancas, Italia se considera la gran perdedora, ya que por primera vez tendrá menos diputados que Francia y Gran Bretaña.
Según el presidente de Consejo italiano, Romano Prodi, una forma de solucionar este problema sería que el nuevo reparto se base en el criterio del número de «ciudadanos» en lugar del de habitantes de cada Estado miembro, lo que permitiría a Italia mantenerse al mismo nivel que Francia y el Reino Unido.
Sometido a una fuerte presión interna, Prodi, un pro-europeo convencido, ya dijo que no quiere bloquear un acuerdo sobre el nuevo tratado, aunque también exigió postergar la decisión para más adelante.
Pero algunos socios, entre ellos España, se niegan a aceptar esta posibilidad, argumentando que el reparto de bancas en la Eurocámara es un engranaje en el complejo juego de equilibrios de poderes que pondrá en marcha el nuevo tratado.
El tono del debate subió el lunes durante una reunión de cancilleres en Luxemburgo, cuando el ministro italiano Massimo D’Alema sostuvo ante sus homólogos que «no existe vinculación jurídica» entre la cuestión de las bancas y el nuevo tratado.
Sin embargo, el jurisconsulto del Consejo de la UE, Jean-Claude Piris, afirmó en la misma reunión que hay un «vínculo indisociable desde el punto de vista jurídico», según fuentes diplomáticas españolas.
Por ello, España exigió que el tema de los eurodiputados sea resuelto en Lisboa.
«No podemos dejarlo para más adelante», dijo el secretario de Estado español para Asuntos Europeos, Alberto Navarro, recordando que Suecia y Malta defendieron la misma posición.
«Posiblemente sea el tema más importante que va a llegar abierto a Lisboa, porque está de por medio la bandera», agregó Navarro en la misma sintonía que la presidencia portuguesa.
El gran temor de varios Estados miembros es que el pedido italiano reabra la caja de pándora tan laboriosamente cerrada en junio pasado.
«El problema es que si Italia pide un diputado más por el tema de la igualdad y se lo dan, otros van a hacer lo mismo, por ejemplo Polonia, que con el nuevo reparto queda por debajo de España», graficó en ese sentido una fuente diplomática europea.