Preparan reelección de Hu Jintao



El Partido Comunista Chino (PCC) inicia su 17 congreso el lunes, una cita polí­tica bajo fuerte vigilancia que ha sido secretamente preparada para permitir al jefe del Partido y presidente de la República, Hu Jintao, renovar su mandato.

En las calles de Pekí­n las fuerzas del orden han sido fuertemente movilizadas. Sobre las grandes avenidas y en el metro los mensajes de bienvenida abundan: «Muchas felicidades en un 17º congreso exitoso».

En la televisión, la propaganda está en su apogeo. En los programas de variedades, los cantantes retoman los éxitos comunistas de los años 50.

Las organizaciones de defensa de los derechos humanos denunciaron la cara oculta de este periodo que precede al Congreso: una ola de arrestos entre disidentes que podrí­a manchar la reelección de Hu Jintao.

«No hay duda de que la dirigencia del partido saldrá fortalecida del Congreso y que el prestigio de Hu, como capitán y agrupador, se verá acrecentado», apuesta Sidney Rittengerg, un sinólogo norteamericano, ex miembro del PCC y cercano colaborador de Mao.

Al acceder al puesto supremo de secretario general, hace cinco años, Hu, de 64 años, debió enfrentarse a la gran influencia de su predecesor, Jiang Zemin.

Al finalizar el 17º congreso y luego de su reelección, Hu estará rodeado de un equipo directivo más leal, pues se espera la ascensión de los ex miembros de las Juventudes Comunistas, de las que él fue lí­der.

Los analistas adelantan los nombres de Li Keqiang, actual número uno de la provincia industrial de Liaoning (nordeste), y Xi Jinping, dirigente del comité del PCC en Shangai.

Según una fuente diplomática, Xi, de 54 años, hijo de un héroe revolucionario, podrí­a reemplazar al número cinco actual, Zeng Qinghong, y convertirse así­ en el sucesor potencial de Hu en 2012.

Los numerosos cambios realizados en los altos puestos de las provincias y dentro del gobierno estos últimos meses han mostrado que el margen de maniobra de Hu está creciendo, aunque con ciertas limitaciones.

«El dominio del grupo de Hu es aún cuestionado por miembros influyentes del partido», señala el sinólogo Willy Lam, recordando que si bien Hu es un jefe, no tiene la estatura de un Mao o de un Deng Xiaoping.

Tanto para los chinos como para el mundo exterior, donde el peso económico y diplomático del gigante asiático crece cada vez más, la cuestión no es quién será el dirigente, sino qué rumbo tomará el paí­s.

A juzgar por un discurso pronunciado por Hu Jintao en junio, China se centrará en un desarrollo económico más «cientí­fico», lo que quiere decir menos despilfarro y corrupción, y sobre la «armoní­a social», en un intento por reducir las diferencias entre ricos y pobres.

En el terreno polí­tico, el congreso deberá privilegiar la «democracia socialista», es decir una mayor transparencia dentro del PCC, una mejora del sistema de gobierno y un incremento de la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones.

El PCC, partido único en el poder desde 1949, se enfrenta a la evidente urgencia de evolucionar para poder manejar las turbulencias socio-económicas y para poder canalizar mejor una opinión pública exigente que ha comenzado a disfrutar de ciertas libertades.

«Todas las señales recientes muestran que Hu confiará en la ’democracia interna del partido’ para no echar a perder su ideal de armoní­a en el partido y en el paí­s», predice Willy Lam.