La peor campaña



Los guatemaltecos hemos visto muchas campañas desteñidas y sucias a lo largo de nuestra historia, pero indudablemente la que actualmente se desarrolla para la segunda vuelta electoral constituye la peor de todas porque no hay propuestas y, sobre todo, porque los candidatos escogieron el camino del insulto y la descalificación, llegando inclusive a la vil bajeza, provocando asco entre los electores que vemos reflejado en el comportamiento de quienes aspiran a dirigir los destinos de la Patria, ese deterioro que tanto daño ha hecho ya no sólo a la democracia y a las instituciones del paí­s, sino que a la sociedad misma.

Pocas veces como ahora se escuchaban tantas opiniones en contra de las dos opciones y tantas voces llamando al voto nulo o a la abstención. La verdad es que nuestros polí­ticos están cosechando lo que han sembrado porque el ciudadano se da cuenta que el cacareado ejercicio democrático se convierte en un sainete para que entre los aspirantes se digan groserí­as de todo calibre sin poner la menor atención a las necesidades del paí­s.

Acabamos de conocer las cifras terribles de la pobreza en Guatemala, pero ese tema que afecta a millones de habitantes del paí­s no forma parte de la agenda de los presidenciables que, a lo mejor, también son de los que creen que si hay restaurantes llenos, se venden suficientes carros y los aviones viajan repletos, es signo de que Guatemala no tiene problemas de pobreza. Y es que en medio de tanto cuidado que le ponen al ataque, a buscar la forma en que descalifican al contrincante, no les puede quedar tiempo para detenerse a pensar en las cosas serias e importantes.

Si el nuestro fuera un paí­s con su desarrollo cimentado, con certeras oportunidades para sus habitantes y que atendiera eficientemente la salud, la educación, la seguridad y la economí­a, podrí­amos darnos el lujo de pasar un perí­odo sin luces. Pero con el drama cotidiano de tanta gente, condenando a nuestros niños y con ellos al paí­s a sufrir un lastre tremendo porque ni siquiera les permitimos nutrirse aceptablemente, es suicida seguir en esta senda de indiferencia e incapacidad. Porque tampoco es que vayamos a inaugurar ahora el perí­odo de la ineptitud; tristemente venimos navegando por las mismas aguas desde hace mucho tiempo, pero ahora por lo visto en la campaña, estamos a las puertas de hundirnos más porque nada bueno puede salir de equipos incapaces de generar siquiera mí­nimas de propuesta, aunque la misma fuera simplemente para babosear incautos.

Siempre se ha dicho que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Sabrá Dios qué pecado hemos de purgar para merecer lo que nos ha tocado.