Los monjes budistas guiaron a 100.000 personas a través de las calles de Rangún hoy, desafiando la amenaza de medidas enérgicas realizada por la junta militar ante el mayor movimiento de protesta en su contra en 20 años.
En otro día de desafío popular contra los generales y el puño de hierro con el que gobiernan el país, unos 30.000 monjes vestidos con hábitos de color azafrán y rojo y cerca de 70.000 seguidores rodearon la pagoda Sule y el cercano ayuntamiento de la principal ciudad de Birmania.
Los bonzos rezaban y cantaban, muchos de ellos enarbolando coloridas pancartas religiosas e imágenes de Buda, iguales a las que encabezaron sus manifestaciones de la última semana por Rangún.
Los medios estatales ordenaron sin rodeos a los monjes que se mantengan alejados de la política, reforzando las amenazas gubernamentales de enérgicas medidas difundidas por la televisión pública.
Pese a esas amenazas, no eran visibles en la ciudad fuerzas de seguridad.
Miles de personas unieron sus manos para formar una cadena humana alrededor de los monjes mientras que muchos habitantes de la ciudad aplaudían y aclamaban desde las aceras el paso de los manifestantes, a quienes ofrecían también agua, pues en Rangún lucía hoy un sol tropical.
«La reconciliación nacional es muy importante para nosotros. (…) Los bonzos están apoyados por la gente», dijo a la muchedumbre Aung Way, un poeta famoso en Birmania, a través de un pequeño micrófono.
Algunos de los monjes llevaban pancartas en las que se leía «suficiente comida, vestidos y cobijos, reconciliación nacional, libertad para todos los presos políticos».
Otros cantaban «queremos el diálogo» o llevaban banderolas con la frase «mucha gente quiere que sus sueños se cumplan».