Laboristas británicos con moral en alto



Los laboristas británicos se disponen a celebrar con optimismo el domingo en Bournemouth (sur) su primera conferencia anual de la era Gordon Brown, quien es jefe del Partido Laborista y primer ministro de Gran Bretaña desde junio.

Al suceder a Tony Blair en junio, Gordon Brown debí­a «caminar sobre la cuerda floja, dar señales de cambio por un lado para mostrar que no era Tony Blair, pero sin rechazar lo que habí­a hecho, ya que él mismo estuvo en el gobierno durante diez años» como ministro de Finanzas, señaló George Jones, profesor emérito en la London School of Economics.

Desde junio, el gobierno de Gordon Brown sufrió varias crisis, aunque evitó la catástrofe mientras hací­a frente a atentados terroristas fallidos en Londres y Glasgow, inundaciones, fiebre aftosa, y lanzaba una operación para salvar al banco Northern Rock.

Según una encuesta ICM publicada el miércoles en el diario de izquierda The Guardian, Gordon Brown confirma su lugar de jefe del partido británico más popular, mientras su principal adversario, el lí­der de los tories, David Cameron, pierde terreno y se encuentra en el tercer lugar.

La acción de Gordon Brown desde junio es considerada positiva por 55% de los electores, mientras que 23% afirman estar insatisfechos.

El laborismo obtiene 40% de las intenciones de voto. Si se efectuasen elecciones inmediatamente podrí­a aumentar su mayorí­a en el Parlamento a 380 bancas, según dicho periódico. Pero los analistas apuestan a comicios a principios del año próximo, lo que permitirá al Partido Laborista reunir los fondos necesarios.

Gordon Brown supo distinguirse de Tony Blair al lograr la aceptación de un nuevo estilo de gobierno más sobrio, dando más responsabilidades a los ministros.

También se diferenció al subrayar en polí­tica interior las cuestiones de la vivienda y la educación, y comenzó a modificar la polí­tica exterior británica, menos alineada con la polí­tica estadounidense.

En Europa, Gordon Brown quiere «ser uno de los tres grandes», con el presidente francés Nicolas Sarkozy y la canciller alemana Angela Merkel, explicó Jones.

Gordon Brown también logró desestabilizar a los conservadores al ocupar una parte de su terreno.

La visita de Margaret Thatcher al 10 de Downing Street la semana pasada para tomar el té pareció un golpe maestro para debilitar a los tories.

El Partido Laborista llegó incluso a contratar para su campaña a Saatchi y Saatchi, un grupo publicitario asociado estrechamente a los conservadores.

Gordon Brown, que fue ministro de Finanzas durante diez años y se jacta de haber aportado la estabilidad y la prosperidad a Gran Bretaña, fue acusado por la oposición de haber alentado un crecimiento basado en un excesivo endeudamiento de las familias y en la especulación financiera.