El endoso de los votos



Todos los candidatos que terminaron fuera de la contienda al no ocupar ninguna de las dos primeras posiciones, tienen la idea de que su caudal polí­tico, que pueden considerar como alto, mediano o modesto, les permite negociar ahora con los dos punteros para obtener posiciones. De hecho muchas de las participaciones que hemos visto como débiles y con pocas oportunidades tení­an la finalidad fundamental de permitir alguna capacidad de negociación para la segunda vuelta, aunque hemos visto que los resultados dejaron a varios en postura tan lamentable que no debieran tener la intención siquiera de negociar.

Pero en todo caso es importante señalar que los candidatos presidenciales en Guatemala no llegan a ser lí­deres tan poderosos como para endosar votos a favor de alguien más. Es indudable que entre los lí­deres más respetados y votados por sí­ mismos en el paí­s están tanto ílvaro Arzú como Efraí­n Rí­os Montt, pero está visto que ninguno de ellos tiene el poder de endosar su popularidad a favor de quienes postulan como candidatos presidenciales, no digamos si el endoso tuviera que hacerse a una fuerza polí­tica ajena.

Creemos que en Guatemala los partidos polí­ticos de Guatemala tendrí­an que madurar para realizar en segunda vuelta negociaciones claras, institucionales y en busca de acuerdos programáticos, en vez de ese movimiento que se da de lí­deres nacionales o locales que buscan ventajas personales y creen que pueden endosar sus votos. Pero indudablemente que los peores son los candidatos que siguen en contienda y que creen que esos liderazgos son realmente dignos de una negociación.

Hay personajes que se creen realmente que alcanzaron la cima de la popularidad con su participación electoral y que los votos obtenidos son producto de su propio encanto. No toman en cuenta el aparato partidario que se volcó a impulsar sus candidaturas ni, en otros casos, el uso de todo el recurso del Estado para apoyar un proyecto en particular. Piensan que son votos propios, resultado única y exclusivamente de su propio encanto y que bastará una orden para que todos los que asistieron en la primera vuelta a emitir sufragio por ellos, lo hagan de manera automática por quien ellos decidan.

Los partidos tendrí­an que negociar polí­ticas más que posiciones personales y eso harí­a que la gente entendiera el valor de una buena negociación polí­tica y de dirigentes que están preocupados por el paí­s y no por resolver sus problemas personales o por asfaltar el camino para su propio futuro.

Es indudable que nos falta mucho camino por recorrer para alcanzar una madurez polí­tica que nos permita como paí­s ver posturas más serias y responsables en contraste con las aspiraciones ambiciosas de quienes hoy tratan de situarse a cualquier costo en el equipo del próximo gobierno