La novena edición de la Bienal de Arte Contemporáneo de Lyon (este de Francia) abre sus puertas al público ayer, iniciando tres meses de exposiciones consagradas a sesenta artistas considerados esenciales en el presente decenio.
La Bienal 2007, que tiene por tema «00 – Historia de un decenino que todavía no tiene nombre», cierra una trilogía sobre el tiempo, tras la edición 2005, titulado «Ocurrió mañana» y la de 2005, bajo el lema «La experiencia de la duración».
«A mediados de los años 1980, había cinco bienales de arte contemporáneo en el mundo, 20 años después hay más de cien, cada vez con un tema diferente, y en cada caso con la ambición de hacer un balance de la actualidad internacional del arte. Nosotros quisimos volver a las obras sin encerrarlas en un tema, es por eso que optamos por una reflexión sobre el tiempo», explica Thierry Raspail, fundador de la Bienal de Lyon.
«Tenemos una idea clara de lo que fueron los años 50, 60, 70, 80, 90, pero los que podríamos llamar los años ’00’ todavía no tienen nombre», acota el crítico de arte y curador Hans-Ulrich Obrist.
«En ellos no hay verdaderamente un movimiento que resalta, contrariamente a los años 90, por ejemplo», agrega Obrist, conceptor de la Bienal 2007 junto con Stéphanie Moisdon.
Los organizadores decidieron invitar 49 curadores y pedir a cada uno de ellos que invitara «a un artista o una obra que a su parecer ocupa un lugar esencial en la presente década».
Además, se encargó a 14 artistas la realización de una secuencia de exposición que defina y comente esta década.
Sucesivamente, el visitante puede ver instalaciones como «Flying gardens» del argentino Tomás Saraceno, racimos de esferas de vidrio en las que crece la hierba, o «Passage Noir» del sudafricano James Webb, un pasillo de 18 metros totalmente obscuro en el que se oye el ruido del ascensor de la más profunda mina de oro de Sudáfrica.
Un poco más allá, músicos improvisan en sus instrumentos de cobre encerrados en un bunker, en la obra denominada «Clamor» de los puertorriqueños Allora y Calzadilla.
La curadora Dorothea von Hantelmann eligió como invitado a James Coleman, artista conocido por su trabajo con la imagen y que es una referencia para los videastas de hoy.
Otros curadores se interesaron en la mirada que se dirige o que se rehusa dirigir a la obra de un artista, como Eric Troncy, que invitó al fotógrafo David Hamilton.
«David Hamilton es uno de los fotógrafos más conocidos del mundo y, sin embargo, ninguna de sus obras está expuesta en un gran museo porque no tiene «el beneplácito» del medio artístico. Sus obras, a menudo fotos de jovencitas livianamente vestidas, son asociadas hoy al miedo a la paidofilia. Es un fotógrafo a la vez olvidado y prohibido», comenta Raspail.