Las encuestas


Pedro Pablo Marroquí­n

Nadie puede negar que en los dos últimos procesos electorales las encuestas han jugado un papel fundamental para el desarrollo de los mismos y ahora vale la pena centrar el análisis y el debate de la influencia que éstas han tenido en el proceso que aún no termina.

No hay que ser astrofí­sico para darse cuenta que han jugado un papel fundamental en cuanto a las predilecciones de los electores, pero es aquí­ donde surgen grandes interrogantes ¿las encuestas aportan o perjudican al sistema electoral y democrático de paí­s? ¿Hacia dónde están orientando el rumbo? ¿Responden a algún interés?

Estas tres interrogantes como a mí­, estoy seguro que embargan a miles de guatemaltecos y quizá nadie tenga una respuesta certera. Hemos visto a lo largo de la elección cambios en las encuestas que en un mundo real resultan polí­ticamente difí­ciles, tales como repuntes inusuales y caí­das estrepitosas que difieren de los resultados de la última elección.

¿Cómo se explican esos «supuestos» cambios que reflejan las encuestas y que difieren de los datos oficiales reportados por el Tribunal Supremo Electoral? ¿Es lo anterior, un indicador que las encuestas han sido objeto de manipulación o alguna mal interpretación de quien realiza o publica los estudios?

A mí­ no me consta y no poseo pruebas sustanciales de que tales estudios son manipulados para favorecer o para perjudicar a algún candidato en especial, pero dos más dos son cuatro aquí­ y en China y si los estudios de opinión reflejan cosas distintas a la verdadera encuesta, como llaman los polí­ticos a las elecciones, es que algo está sucediendo. No podemos decir a ciencia cierta qué, pero es obvio que algo sucede.

Y el tema cobra relevancia porque las encuestas están incidiendo y mucho en las preferencias de la gente, están elevando a proyectos que no son de nación, proyectos que el paí­s no les apasiona y eso es grave para nuestra democracia y futuro como guatemaltecos. Asimismo, los estudios de opinión hunden a los decentes, a los honrados y a los estadistas; eso es terrible.

Dictaminar que es exactamente lo que provoca este mal es difí­cil, pero los guatemaltecos debemos entender que este juego perverso nos estallara en la cara y pocos quedarán enteros.

Un dí­a alguien me dijo que le preocupaba el poder de los medios, a lo que yo con toda certeza repliqué, el poder de los medios no debe de preocupar, pues siempre han tenido y tendrán poder, fenómeno que se repite en todo el mundo; lo que sí­ nos debe de preocupar a todos los guatemalteco es en manos de quién está ese poder. Y cuando uno analiza y sopesa la proliferación de esos poderes ocultos hasta en los medios, se llega a temblar.

También hay que reconocer que el decir que por las encuestas estamos como estamos o tenemos la clase polí­tica que tenemos serí­a una exageración. Estamos como estamos y tenemos la clase polí­tica que tenemos porque nosotros somos cómplices en el consentimiento de esta clase y aplaudimos o por lo menos aceptamos las polí­ticas superficiales que nos proponen.

Los candidatos opinan

La Unidad Nacional de la Esperanza y el Partido Patriota siguen en la contienda y polí­ticamente es aceptable que no quieran opinar para evitar ganarse de enemigos a los medios. Es razonable pero lastimoso a la vez, porque los problemas se llaman por nombre y apellido, se deben de enfrentar desde las campañas y algún dí­a ellos sufrirán las consecuencias por su indefinición en este momento; pero no olvidemos que en Guatemala ser genuino es impopular y hace difí­cil la labor polí­tica.

El doctor Alejandro Giamattei indicó que se querí­a mantener alejado de los medios y que por ello no opinaba; ojalá sea esa la razón y no que éste consumido decidiendo a cuál de los dos enfermos terminales, según sus palabras, va a «curar». Serí­a una terrible decepción para más de medio millón de personas que votaron por él.

El doctor Suger y Luis Rabbé decidieron opinar y pueden leer sus entrevistas que se publican de forma textual.