Desde principios de mayo de este año, el promedio de los más de un millón de personas con discapacidad (discapacidad visual, auditiva, física, intelectual y parálisis cerebral) de toda la república de Guatemala cuentan con una luz de esperanza y aliento que con el transcurso del tiempo les permitirá la reinserción social y la práctica de cualquier disciplina deportiva.
Con tan sólo el plan piloto que abarca a los siete departamentos de Sololá, Alta y Baja Verapaz, Santa Rosa, Suchitepéquez, Quetzaltenango y Chiquimula, la Asociación Guatemalteca del Deporte para Personas con Discapacidad -AG DEPDIS-, ya cuenta con 150 afiliados al programa de reinserción social y deportiva.
Sin embargo, con apenas sus primeros pasos de nacimiento, AG DEPDIS se ha tenido que enfrentar a un sin número de penurias y consciente que aún queda un largo camino por recorrer, no descansará hasta ver involucrado en el proyecto a más de 500 mil discapacitados.
En entrevista a La Hora Deportiva, Alma Paredes, una de las iniciadoras del programa y coordinadora deportiva de AG DEPDIS, expone lo complicado y tortuoso que es en Guatemala el comienzo de una institución de esta clase.
¿Es difícil la labor de AG DEPDIS?
Sí, dada la carencia de una cultura de comprensión y aceptación de la discapacidad, una legislación incipiente y en proceso de reglamentación, falta de una estructura deportiva, así como las dificultades económicas, educativa, laboral y social, pero sobre todo, porque en el ámbito deportivo aún existe un gran sedentarismo en todo el país.
¿Qué sucede en lo económico?
El deporte adaptado es costoso en cuanto a la implementación de accesorios deportivos y personal calificado para su atención y desarrollo, los pocos programas existentes sobreviven gracias a una pequeña cantidad de presupuesto que se ha logrado recolectar de instituciones y organizaciones. Somos una organización integral no lucrativa.
El sector privado apuesta principalmente a lo rentable (fútbol, béisbol, y más) y lamentablemente el poco apoyo para el deporte adaptado se ve obstaculizado por normas fiscales que en nada favorecen a la voluntad de ayuda humanitaria.
¿Cuál es la meta final?
Definir a la postre un cambio de imagen y conceptos hacia la población de personas con discapacidad, y buscar una cobertura más amplia para impartir el deporte adaptado.