De una «Fuente de esperanzas truncadas» a una cabeza de hombre que atraviesa un muro: los moscovitas están invitados a escoger el mejor proyecto de monumento en memoria de Boris Yeltsin, el primer presidente de Rusia, un mal querido en su país.
Unos 20 proyectos, seleccionados al término de un concurso público, están expuestos hasta el 11 de octubre al museo de Arte Actual Art4.ru en Moscú. Pero sólo cinco, los más logrados, son sometidos a los sufragios de los visitantes.
Entre los cinco proyectos favoritos figura sobre todo «Una Fuente de Lágrimas», metáfora de «las lágrimas de nuestras esperanzas truncadas», ejecutada por el artista moscovita en boga Andrei Bartenev.
El primer jefe de Estado de la Rusia postsoviética, fallecido el 23 de abril, podría ser inmortalizado asimismo con letras gigantescas YELTSIN, de cemento armado, de donde saldría su voz cantando la célebre melodía Kalinka, según el proyecto de otro moscovita, Dmitri Gutov.
Las imágenes del presidente ruso cantando y bailando Kalinka durante un viaje a Alemania han dado la vuelta al mundo.
El museo desechó decenas de proyectos «demasiado clásicos», o demasiado «burlones», como uno que representa a Yeltsin como un extraterrestre, cuenta su director, Guenri Iassa.
La Fundación Yeltsin, dirigida por Tatiana Iumacheva, hija mayor y la consejera más cercana del presidente, «respalda el concurso», precisó su portavoz Alexandre Drozdov.
«Sin embargo, la fundación ha rechazado el proyecto del (poeta) Dmitri Prigov», uno de los fundadores del conceptualismo ruso, fallecido en agosto, según Iassa.
Titulado oficialmente «Cáliz de alma», el dibujo de Prigov representa una copa a medio llenar, encima de un pedestal. «El proyecto podría evocar efectivamente ciertos episodios muy conocidos» donde Yeltsin aparecía ebrio en público, concede Iassa.
El gran favorito de los organizadores representa un conejillo azul de peluche que impide que bascule una enorme estela que sostiene un vaso de cristal. Todo un símbolo para un país que vacila con la caída del comunismo.
Boris Yeltsin, que inició el desmoronamiento de la URSS en 1991, está tan glorificado por las libertades que ofreció a los rusos como es maldecido por el caos y la pauperización causados por sus reformas.
«Para mí, la época de Yeltsin evoca ante todo la inestabilidad», explica Rostan Tavassiev, conceptor del proyecto del conejo azul. «Pero cuanto más pienso en Yeltsin, más olvido la vergí¼enza que me hacía sentir por el país, y más compadezco», confiesa.
El monumento plebiscitado por los visitantes será propuesto luego al Ministerio de Cultura ruso.
Los iniciadores del concurso querrían verlo instalado en la plaza Lubianka, enfrente de la sede del FSB (ex KGB), donde manifestantes proYeltsin echaron abajo en agosto de 1991 la estatua de Félix Dzerjinski, fundador de la Tcheka (futura KGB).
«Todo monumento erigido en la plaza Lubianka sólo va provocar una tensión en la sociedad», estima por su parte un electo de la asamblea municipal de Moscú, Evgueni Bunimovitch.
La propia idea de un monumento a quien pasa por ser enterrador de la Unión Soviética junto con Mijaíl Gorbachov, ha escandalizado a una parte de la sociedad. La ciberpágina de información km.ru incluso ha empezado a recabar firmas contra el «Monumento de discordia».
Los organizadores se topan también con la legislación rusa, que en principio sólo autoriza la erección de un monumento en memoria de una personalidad política una vez transcurridos diez años desde su muerte.
El nombramiento el pasado viernes de Viktor Zubkov como nuevo primer ministro provocará cambios en el gobierno ruso, entre ellos la salida de Dmitri hoy lunes el diario Vedomosti.
Medvedev podría convertirse en el nuevo presidente del monopolio gasista Gazprom, donde ya preside el consejo de administración, aseguró Vedemosti citando fuentes gubernamentales y del mundo económico.