El primer ministro conservador griego, Costas Caramanlis, candidato el domingo a un segundo mandato, ha conseguido contener el déficit presupuestario abismal del país pero ha postergado sin cesar las reformas de fondo reclamadas por Bruselas, empezando las jubilaciones.
Al anticipar seis meses las elecciones legislativas, el jefe del Gobierno prometió que se dedicará a los grandes temas económicos pendientes y explicó que necesitaba un nuevo mandato para «tomar decisiones rápidas» y «avanzar» en ese terreno.
Llegado al poder en 2004 con la promesa de volver a encarrilar el país, Caramanlis estima que ha cumplido la mitad de su contrato: reducir el déficit presupuestario, a 2,6% del PIB en 2006 (contra 7,9% en 2004) y sacar al país del proceso de déficit excesivo lanzado por Bruselas, manteniendo al mismo tiempo el crecimiento económico.
«Con un crecimiento superior al 4% de promedio, Grecia se sitúa entre los países más competitivos de la OCDE (Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos), justo detrás de Irlanda», indica a la AFP Dave Turner, economista de la OCDE y autor de un estudio sobre el país publicado en mayo.
Pero su organización y las otras grandes instituciones internacionales (Unión Europea, Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial) presionan a Grecia para que reforme cuanto antes su sector público, inmenso y asfixiante.
En este país que envejece, donde el índice de fecundidad es particularmente bajo, el gasto para las jubilaciones grava las finanzas públicas y podría representar hasta un 10% del PIB de aquí a 2050, según el gobernador del Banco de Grecia, Nicos Garganas.
«No sólo el país envejece, sino que sobre todo el sistema tal como está hoy en día incita a los trabajadores a retirarse antes de la edad legal de la jubilación (65 años los hombres y 60 años las mujeres), lo cual hace que el índice desempleo sea muy bajo entre los trabajadores de edad», señala Dave Turner.
La OCDE observa de esta forma que un número récord de pensionistas, aproximadamente 40%, goza de condiciones favorables de jubilación reservadas a los oficios considerados «penosos e insalubres».
«Las reformas preconizadas por las instituciones internacionales, de inspiración liberal, se refieren también al mercado del trabajo, en especial para los jóvenes que comienzan la vida activa, especialmente afectados por el desempleo y para los cuales reclaman una baja de los mínimos salariales».
El saneamiento de las finanzas públicas pasa también por una reducción drástica de los costos de la administración y de las empresas públicas, así como por una neta mejoría de la lucha contra el fraude fiscal, endémico en el país, algo en lo que coinciden los analistas.
«En Grecia el Estado sigue siendo el primer inversor, el primer empleador y el primer consumidor», señala Georges Papageorgiu, jefe de del suplemento económico del diario Eleftherotypia (izquierda independiente).
Para reducir el sector público, desde hace tres años los conservadores comenzaron una serie de privatizaciones, sobre todo en el sector bancario, que reportaron más de 5.000 millones de dólares destinados a reducir la pesada deuda pública (100,4% del PIB en 2007).
Por último, una de las grande promesas del primer ministro al asumir su cargo había sido la lucha contra la corrupción, un problema que coloca a Grecia en el puesto 54 de los países menos virtuosos en la materia, según la organización Transparency International. «Sobre ese punto no se ha hecho estrictamente nada», dice Georges Papageorgiu.