En una jugada a tres bandas, el presidente de Colombia ílvaro Uribe acudió a su homólogo venezolano Hugo Chávez para intentar abrir camino a un contacto con las FARC que permita liberar a 45 rehenes, entre ellos la colombofrancesa Ingrid Betancourt y tres estadounidenses.
Chávez comenzó rápidamente sus gestiones y el lunes se reunió con los familiares de rehenes, ante quienes comprometió sus buenos oficios para lograr la libertad de los cautivos. Además anunció que viajará la próxima semana a Bogotá para reunirse con Uribe.
Por contraste con la agilidad de Chávez, la principal guerrilla colombiana mantiene su mutismo sobre el nuevo mediador.
Algo similar ocurrió a fines de 2005 cuando tres países europeos -España, Francia y Suiza- propusieron una fórmula para negociar el canje, que fue inmediatamente aceptada por Uribe, mientras que hasta ahora -casi 20 meses después- las FARC dicen desconocerla.
Este año, Uribe liberó ya unilateralmente a más de un centenar de rebeldes presos y, a pedido del presidente francés Nicolás Sarkozy, dejó libre al llamado ’canciller’ del grupo, Rodrigo Granda, quien viajó a Cuba. Estos gestos sin embargo no obtuvieron respuesta.
Por esa razón Chávez, durante su encuentro con los familiares, apeló en forma directa al máximo jefe de las FARC, el septuagenario guerrillero Manuel Marulanda (Tirofijo), para que de una señal de que aceptan su mediación y se pueda avanzar hacia una solución del drama de los rehenes.
Las FARC proponen canjear los 45 rehenes por 500 rebeldes presos, pero piden que para negociar ese intercambio se desmilitarice un territorio de 800 km2 en el suroeste de Colombia, a los cual se niega Uribe.
La decisión de aceptar la mediación de Chávez -propuesta por la senadora opositora Piedad Córdoba, nombrada sorpresivamente por Uribe la semana pasada como «facilitadora» (gestora) a las FARC-, parece marcar un punto de inflexión en la radical posición del presidente colombiano que llegó al poder en 2002 prometiendo la derrota militar de los rebeldes.
Tras su reelección el año pasado para un segundo cuatrienio el mandatario colombiano parece haber aceptado la necesidad de negociar con los rebeldes.
Actualmente su comisionado de paz adelanta un diálogo preliminar en La Habana con el segundo grupo rebelde colombiano -el guevarista Ejército de Liberación Nacional- y ahora con la aceptación de la mediación de Chávez intenta abrir un camino con las FARC, aunque por ahora sólo sobre el tema de los rehenes.
Al escoger a Chávez «Uribe deja el costo político de la negociación (con la guerrilla) en un tercero y alivia así la presión de los sectores que reclaman acceda a un despeje», señala Carlos Iván Lopera, presidente de la Red Nacional de Iniciativas Ciudadanas por la Paz (Redepaz).
Pero además de alviar esa presión Uribe intenta vencer el rechazo de la guerrilla a negociar y demuestra que no es insensible frente a la suerte de los rehenes, previniendo que la oposición pueda utilizar el tema en los comicios de autoridades regionales en octubre.
Para el ex consejero presidencial en temas de Seguridad Nacional, Gonzalo de Francisco, la decisión entraña sin embargo el peligro de dar a Chávez un papel de «protagonista de primera fila» dentro de la política colombiana.
«Chávez no es de los que desaprovechan una oportunidad de esta magnitud», advierte De Francisco, quien cree que el mandatario venezolano logrará convertirse, con su nuevo papel, en un referente en la política interna sin importar si se logra o no el acuerdo con las FARC.
«No me cabe duda de que si se llega o no a un acuerdo humanitario no cambiará mucho la historia», agrega.