Elvira Arellano


Deportados. Foto de archivo de inmigrantes guatemaltecos que fueron deportados. Una mexicana deportada se ha convertido en el sí­mbolo de los derechos de los inmigrantes en Estados Unidos.

Elvira Arellano llegó indocumentada a Estados Unidos a los 22 años y dos lustros después, convertida en sí­mbolo de la diáspora mexicana, fue deportada tras haberse atrincherado 12 meses en una iglesia de Chicago, dejando a su hijo de nacionalidad estadounidense.


«Estoy feliz de estar en México, me siento libre», expresó con júbilo la mujer un dí­a después de llegar a la fronteriza ciudad de Tijuana (noroeste), a donde fue deportada el domingo pasado tras ser detenida en Los íngeles (California) por las autoridades migratorias de Estados Unidos.

En suelo estadounidense, Arellano dejó a un hijo de 8 años y también desesperados esfuerzos para no ser trasladada a su paí­s de origen.

Por todo ello, ahora es reconocida como una valiente activista en favor de los derechos de los sin papeles que laboran en ciudades como Nueva York, San Antonio y Los íngeles, o en los campos de Florida, Nebraska o Colorado.

«Tengo fuerzas para seguir luchando desde aquí­, aunque no esté con mi hijo Saúl», apuntó en una de las decenas de entrevistas que ofreció a la prensa desde un modesto departamento de Tijuana.

«Esto no significa que dejaré de luchar en mi paí­s por los derechos» de quienes viven indocumentados en Estados Unidos, «desde aquí­ seguiré buscando la legalización», aseguró.

Arellano, una mujer morena de ojos un poco rasgados, fue detenida el 19 de agosto a una calle de la Iglesia Metodista Unida de Los Angeles, a donde habí­a llegado la ví­spera.

La activista pretendí­a visitar varias iglesias estadounidenses de distintas religiones y luego arribar el 12 de septiembre a Washington, donde pretendí­a reclamar al Congreso una amnistí­a para los indocumentados.

Sin embargo, las autoridades migratorias de Estados Unidos le habí­an seguido los pasos desde que abandonó su refugio en Chicago (norte).

Luego de su deportación, realizada unas horas después de su arresto, el gobierno de México denunció que las autoridades estadounidenses violaron la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares al negarle asistencia a la mexicana.

En efecto, nueve horas después de haber sido informado de la detención, el Consulado general de México en Los Angeles no habí­a podido ver o entrevistarse con Arellano.

De acuerdo con un comunicado de la Cancillerí­a mexicana, «la celeridad con la que se instrumentó el proceso de deportación» fue la causa por la que el consulado no le pudo «brindar la debida asistencia y protección».

En «ninguna modalidad de detención (se) deben vulnerar los derechos de los detenidos, ni impedir la asistencia consular», apuntó el documento de la secretarí­a de Relaciones Exteriores de México.

Por estas presuntas irregularidades, el gobierno federal mexicano solicitó una explicación a Estados Unidos, en tanto que varios congresistas se pronunciaron esta semana en favor de que Elvira Arellano obtenga inmunidad en ese paí­s.

«El diputado de los migrantes Pepe Dí­az me está invitando a San Lázaro (sede del Parlamento de México) porque van a presentar un resolutivo solicitando al gobierno de Estados Unidos que me den una visa para entrar y salir, no para quedarme sino nada más para ir y venir», indicó Arellano.

No obstante, la mexicana sabe que la Oficina de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) estadounidense la calificó como «delincuente extranjera y fugitiva», por lo que será muy difí­cil que pueda regresar a ese paí­s.