Leonardo da Vinci


Mostrar todas las facetas de Leonardo da Vinci como hombre, artista, ingeniero y humanista en un solo espacio: eso es lo que pretende una exposición dedicada al genio del Renacimiento italiano que acaba de inaugurarse en Bruselas.


Organizada por el 50º aniversario de la firma del Tratado de Roma, la exposición, montada en nueve meses por un equipo de voluntarios belgas, se ha convertido en todo un éxito.

Desde el pasado sábado, miles de personas han acudido a la basí­lica de Koekelberg, un colosal edificio que domina el centro de Bruselas, donde la exposición «Da Vinci, el genio europeo» permanecerá abierta hasta el 15 de marzo de 2008.

Los organizadores invitan a los visitantes a hacer un recorrido lúdico y didáctico «cuyo objetivo es la calidad, aunque sin ser demasiado detallado», según cuenta el comisario de la exposición, René Schyns.

La primera parte de esta incursión en la Europa de la segunda mitad del siglo XV y comienzos del XVI traza la vida del «Maestro», a través de secuencias de ví­deo, mapas, dibujos y documentos de la época, desde su nacimiento en el pueblo de Vinci, cerca de Florencia (Italia), hasta su muerte en el castillo de Clos Lucé, en Francia.

A continuación le sigue otra parte sobre sus obras como arquitecto, pintor y escultor.

«Claro que es muy difí­cil tener los originales. La Gioconda no sale del (museo francés del) Louvre y los dibujos son muy frágiles», explica Franí§ois-Xavier Rémion, uno de los organizadores, quien destaca que el presupuesto de la exposición no pasa de los 5 millones de euros.

El visitante podrá no obstante admirar una de las tres versiones de «La Virgen de las rocas» de Leonardo y 14 de sus dibujos, así­ como una copia de la Gioconda realizada por su taller.

Colgada ante la enigmática Mona Lisa, una obra inédita, en la que aparece una «Marí­a Magdalena» con el pecho desnudo, seduce por su sensualidad.

Reaparecido a comienzos del siglo XX y atribuido hasta ahora al entorno de Leonardo, el cuadro, que apenas ha sido mostrado al gran público, no ha desvelado aún todos sus secretos. El profesor Carlo Pedretti, un conocido especialista que ha participado en la preparación de la exposición, ve «la mano» del genio florentino, quizás asistido por alguno de sus alumnos aventajados.

La atmósfera de misterio se intensifica cuando, al doblar un oscuro pasillo, aparece una Ultima Cena que es una imagen fotográfica de una copia de la época conservada en la abadí­a belga de Tongerlo.

«Claro que es una mujer la que aparece sentada a la derecha de Cristo», dice una visitante, retomando una de las teorí­as de la exitosa novela «El código Da Vinci», del escritor Dan Brown. «No, no son los pies de una mujer», le responde su amiga.

La exposición presenta también manuscritos en los que Da Vinci esbozaba retratos y estudios anatómicos o bien diseñaba máquinas de guerra y aparatos voladores o flotantes.

La muestra culmina con unas cuarenta maquetas modernas de las máquinas diseñadas hace ya cinco siglos por uno de los grandes genios del Renacimiento.