Cuando uno escucha argumentos sobre el problema derivado del reclamo que hace el Alcalde para que se respete la autonomía municipal y ve que hay gente que considera absurdo que el Municipio tenga capacidad para regular el transporte de carga, tiene que entender que vivimos aún en una sociedad con mentalidad aldeana, donde se quiere que todo el poder esté centralizado en el Presidente de la República y donde su autoridad tiene que manifestarse hasta en las regulaciones viales.
Algunos han llegado a decir que hay que ver los problemas que ha tenido España con las autonomías y que darle poder a las municipalidades puede provocar un caos. España, para conocimiento de esos insensatos, encontró en el régimen de las autonomías respuesta a sus más graves problemas y la descentralización ha permitido que ese país de Europa, que hace apenas medio siglo era como la expresión del tercermundismo en el viejo continente, sea ahora uno de los países más pujantes y modernos del mundo entero, no sólo por su crecimiento económico, sino por los avances políticos derivados cabalmente de la descentralización.
Es preocupante que la animadversión contra un funcionario marque agendas tan retrógradas en el país y que se anteponga esa antipatía a la elemental lógica, no digamos a la majestad obvia de la ley. Porque contra lo que absurdamente sostienen algunos, el Código Municipal es claro, categórico y específico en cuanto a la facultad de regular el transporte de carga. Y decir que un magistrado sólo será digno si vota a favor del gobierno es absurdo, sobre todo cuando se está juzgando a un abogado con larga trayectoria y no se dice nada del monigote que el gobierno mandó a la Corte de Constitucionalidad y que sin ningún prestigio ni bagaje, no pierde nada al ser el responsable de emitir votos políticos a favor del gobierno.
Pero el tema de fondo sigue siendo que la autonomía municipal es un principio que debemos defender aunque sólo sea por elemental sentido común para alentar la descentralización administrativa que no significa caos, sino ordenamiento de cara a las necesidades más directas de la población. Nadie está tan cerca del vecino como el gobierno local y por lo tanto hay que fortalecerlo en vez de estar con esas pamplinas que pretenden anularlo. Sobre todo porque las mismas son producto de que un Alcalde cae mal y no de análisis serios, racionales y profundos de la normativa legal. Tenemos que apegarnos a la ley y considerar en su interpretación todos los factores que rigen los principios fundamentales del derecho y en tal sentido la ley específica, el Código Municipal, tiene preeminencia sobre leyes generales como la de Tránsito que, además, fue promulgada antes y toda ley posterior prevalece sobre las anteriores. Si las autonomías fueran tan funestas como las ven los torpes, Estados federales como Estados Unidos serían ejemplo de caos y anarquía en vez de ser ejemplo de apego a la ley, de orden y de desarrollo.