Guatemala atraviesa una crisis de liderazgos en la mayoría de esferas y niveles, cada vez son menos idóneas las personas que dirigen el futuro del país, reflejándose esto inevitablemente en el perfil de los individuos que están encargados de ejercer función pública a nivel local o regional. Es por esto que, cada vez se hace más complejo canalizar adecuadamente condiciones mínimas, las cuales propicien un arranque para el desarrollo en los distintos puntos del país.
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Más allá de lo que pueda representar el grado académico de los líderes locales, es importante reflexionar acerca de sus calidades éticas y morales, puesto que, estas son fundamentales para la buena ejecución de los cargos públicos para los que fueron electos. Sin embargo, no debe dejarse por un lado la formación académica de los mismos, porque, debe admitirse que, de poseer un adecuado nivel de educación, podría convertirse en piedra angular para la construcción de excelentes administraciones locales.
Bajo el contexto anteriormente descrito, mismo que no puede generalizarse, porque, indudablemente existirán casos aislados, en los que algún jefe edil ejecuta coherentemente su cargo público, pero, a la vez debe admitirse que esta es la excepción, más no la regla. Entonces, después de toda esta aportación de elementos mínimos para el análisis, es pertinente proceder a la argumentación del porqué se califica de deplorables a los liderazgos locales.
Cuando cualquier persona se desplaza por las distintas carreteras del país, se comprueba que los líderes locales mantienen una constante campaña política, este incesante proselitismo va desde la colocación de numerosas vallas publicitarias ubicadas en lugares estratégicos, hasta la adquisición de campos pagados en medios regionales. Es decir, que cada vez desean obtener mayor protagonismo, haciendo alarde de su figura como servidores públicos, gastando considerables sumas monetarias en lo que a publicidad respecta.
Por otra parte, es innegable que en la mayoría de ocasiones, los líderes se adjudican los éxitos de las obras ejecutadas, como que si esto se tratara de logros personales, los cuales deberían ser agradecidos infinitamente por la población. En lo anterior se obvia que, esto solamente constituye el resultado de una decisión acerca de cómo asignar los fondos públicos, en donde prácticamente ellos se convierten en intermediarios, de los flujos financieros que van desde las arcas del Gobierno hasta entes privados que ejecutan los proyectos.
Derivado de lo anterior, se desprende la mayor ambición de los líderes locales, la cual, según mi parecer es el objetivo primordial de llegar a ocupar estos puestos, y me refiero a la de manejar el mercado de las obras que financian los Gobiernos locales y regionales. Al ostentar el poder político, estos personajes deciden, qué hacen, dónde lo hacen, a cuanto lo hacen y principalmente a quien se lo adjudican; constituyendo esto una cuota de mercado demasiado alta, en lo que a gasto de Gobierno se refiere.
Se concluye que, en la mayoría de casos las situaciones se hacen de una manera legal, más no legítima, en donde es demasiado complicado enderezar el rumbo, puesto que, estos males están enquistados a lo interno de la sociedad guatemalteca.