Revitalizar las instituciones del Estado


EDUardo-Blandon-2013

Nada evidencia más inutilidad estatal que la inoperancia del Tribunal Supremo Electoral en su impavidez frente a la actividad propagandística de los partidos políticos.  Quiere una prueba de la debilidad del Estado, observe cómo los políticos se ríen de las instituciones y sus leyes.

Eduardo Blandón


Se burlan de las leyes el Partido Patriota, Lider y cuánto grupo compite por alcanzar el poder.  Se dicen los políticos del cambio, la esperanza de Guatemala, una nueva alternativa, pero sus acciones dicen lo contrario.  Lo que hacen es profundizar más en el desprecio por las leyes y manipular las instituciones a su favor.
     
Ellos son los políticos que quieren gobernarnos, una partida de abusivos a quienes les importa únicamente su propio bien.  No es difícil adivinarlo, observe a los candidatos… la mayor parte tiene un pasado de espanto. Unos vienen de partidos mañosos, otros de grupúsculos oscuros, la mayor parte son personajes sospechosos y sin crédito alguno.
     
Frente a tanta mafia uno aspiraría a un Estado musculoso, fuerte y titánico, no un gatito anémico y miedoso.  Eso es el Tribunal Supremo Electoral: un hazme reír de los políticos de turno.  Es, digámoslo ahora, una institución inútil (al menos en la coyuntura actual), un derroche de recurso del Estado, la inoperancia por antonomasia en nuestros días.
     
Pero su constitución enferma o su fatuidad no es casual.  Digamos que es un engendro pasmoso de quienes lo concibieron.  Nació famélico porque así lo quisieron sus padres para ventaja de la estructura política impuesta en nuestro país.  Bien podría fortalecerse y funcionar, pero nadie lo quiere por las ventajas que representa tenerlo en ese estado calamitoso.
     
No queda sino llamar la atención de quienes pueden gestionar su transformación y exponer la inoperancia de esa institución. Dejar al descubierto el desastre para una deseable reconstrucción.  Porque el cambio en una nación pasa por la revitalización de sus estructuras y ésta no se da sino cuando quienes mueven el cotarro se interesan en hacerlo.
     
Debe, entonces, fortalecerse las instituciones del Estado y reorientarlo para el buen funcionamiento del país. Por aquí hay que empezar, dar la lucha frente al inmovilismo de nuestros políticos.  Hacer conciencia a los protagonistas de buena voluntad.