“El Derecho es una técnica al servicio del ideal de justicia” (Chaim Perelman) Y, – II –
La Historia de la República de Guatemala, sin duda, ha sido muy variada con apenas algunos atisbos de independencia y defensa de la soberanía nacional.
En ese sentido, comenzando el siglo XXI, poco se ha avanzado en nacionalismo; algunos autores e investigadores de nuestra evolución histórica, preocupados, han querido ahondar en las razones por las que aún en estos tiempos poco se ha progresado. Pero sus estudios no sólo se han quedado en eso, sino que no han tenido la suficiente divulgación, especialmente entre las nuevas generaciones de estudiantes para que conozcan la realidad en que se vive.
Esa debilidad que, por cierto, no es la primera vez que se señala y en ello habría que darle los laureles a La Hora, con sus fundadores y con un ejemplo grandísimo de Clemente Marroquín Rojas, y descendientes que nunca han vacilado en defender nuestro territorio nacional ante las amenazas de potencias que de una u otra forma e históricamente lo han ambicionado, es lo que a la postre ha permitido que algunos guatemaltecos con poco amor a su Patria, no se preocupen más que por el derecho de su nariz.
Constantes estadísticas nos alarman sobre la falta de interés de los habitantes del territorio nacional en conocer su historia y por ello, quizás por la publicidad que se hace por diversas fuentes, resulta que conocen más las corrientes extranjeras en literatura, economía y otras actitudes que suelen calificar de modernas, pero que a la postre, resultan poco edificantes para nuestra juventud e idiosincrasia de la población.
Esas corrientes han influido en materia académica y, luego, en los profesionales del Derecho e instituciones llamados a proponer reformas procesales, pues algunos por no decir todos, aceptan la legislación vigente, sin tan siquiera reparar que ya no se adapta a las exigencias de una Guatemala con el aumento de su población aglomerada en la capital.
Pero lo más crítico resulta cuando señalan que no existe Justicia, sin analizar que la legislación procesal, en mayor o menor grado, resulta obsoleta para el tiempo en que se vive, y caen en el mismo vicio de aquéllos que no desean reformar nuestras leyes.
Se insiste en recordar el fenómeno descrito, porque cada cinco años, se vuelve a repetir la problemática y aún así se alientan las denuncias dentro de un sistema antiguo que no permite mayores avances por ser escrito y lento.
En materia de Derecho Comparado y a un nivel regional, es decir, de los países latinoamericanos, se han efectuado diversas reformas en materia judicial que, precisamente, comprende la base fundamental en la aplicación de la ley.
Finalmente, los autores Jaime Castro y Alfonso Reyes Echandía (Propuestas de Reforma Judicial: Bogotá, Colombia; Editorial TEMIS Librería; 1978), se nos adelantaron en proponer la especialización y formación de jueces que ya existe en Guatemala (Escuela Judicial), y son del criterio que deben mejorarse las Bibliotecas de las Facultades de Derecho, a efecto de fortalecer su formación intelectual.
Sugieren también que se aumente el número de auxiliares de los juzgados y en materia de juicio oral el proceso debe ser público y oral.
Diversos tratadistas guatemaltecos complementan en nuestro entorno los esfuerzos porque se recurra al Juicio Oral, empezando por el doctor Mario Aguirre Godoy (en materia procesal civil), y, otros autores que vienen a mi memoria como los doctores Josué Felipe Baquiaz y Eric Alfonso Álvarez Mancilla.