En medio tristeza y frustración, la trágica muer te del Magistrado César Barrientos Pellecer debe ser analizada detenidamente porque con su suicidio, él quiso que viéramos un poco más allá de lo que un suceso tan fatal como ese nos puede deparar y es importante que como sociedad analicemos por qué es que a los corruptos los encumbramos y apañamos y a los que luchan contra la impunidad y el estado actual de las cosas, los dejamos íngrimos y solos.
pmarroquin@lahora.com.gt
Desde que se inició su gestión en la Corte Suprema de Justicia (CSJ) Barrientos fue ganando liderazgo por su independencia, pero a la vez se fue haciendo de enemigos por el mismo hecho de su verticalidad y que no podía ser controlado. Desde un inicio le entró de lleno al tema del Centro de Gestión Penal, el cual representaba el primer eslabón de impunidad porque ahí se designaba a dedo, como parte del sistema paralelo, los juzgados a los que irían a parar las causas, cuyos sindicados ya se habían convertido en “clientes” del sistema de impunidad.
Luego se siguió ganando enemigos por sus resoluciones en casos en los que se alegaban violaciones a los derechos humanos y en los que altos exmilitares eran sindicados. No digamos de sus resoluciones con respecto al derecho indígena, a las consultas comunitarias de los pueblos y el control jurisdiccional que, a través de la Cámara Penal, empezó a establecer en todas las magistraturas del país que desembocó en disminuir la mora judicial para empezar a pensar en una justicia pronta y cumplida, además de observar de cerca el actuar de los jueces y magistrados.
En su momento lo acusaron de que por su medio, su hija que defendía a algunos sindicados de Bancafé, iba a obtener beneficios para sus clientes y resultó que los defendidos no solo se quedaron en la cárcel sino que además, en los momentos más críticos en los que luchaban por una reforma de delitos y medidas sustitutivas, nunca lograron remover al Juez Walter Villatoro de la causa, porque la Cámara Penal no se había prestado al juego.
A pesar de que con fuerza decían que Barrientos usaba su poder e influencia a su gusto para apañar o armar causas y que su relación con Claudia Paz y Paz lo ayudaba, su hijo fue capturado bajo sindicación de pertenecer a una banda que explotaba sexualmente a menores; hoy está acusado de haber sido un usuario de dicha banda.
Hemos visto, a lo largo de nuestra historia, muchos casos en los que personas con un cargo menor impiden que los brazos de la justicia alcancen a los suyos y que ni siquiera se inicie una causa penal, no digamos que los capturen, que los dejen en prisión y ligados a proceso. Eso a mi juicio, habla fuerte y claro de la no interferencia del exmagistrado.
No obstante, el Doctor sabía que su lucha y empeño de tantos años se habían ido por la borda junto con su credibilidad porque nunca se separó una cosa de la otra, y porque nunca se valoró lo que yo menciono arriba, es decir, que la mejor prueba de que no ejerció influencias era que su hijo estaba preso y ligado a proceso; el hecho lo destrozó.
César Barrientos sin duda alguna tuvo aciertos y cometió errores; pudo doblegarse y convertirse en uno más del sistema, pero no, él prefirió quitarse la vida porque para los que caminan por la senda de la justicia, la muerte es como un recurso que nunca los separa de sus principios.
La muerte de César Ricardo Crisóstomo Barrientos Pellecer duele porque eso significa que entregarse por Guatemala, que luchar por los principios, no solo lo deja a uno en soledad, quizá sin ni siquiera la gratitud de la familia, sino que además resulta una tarea mortal, como en este caso.
Descanse en paz Doctor, hoy Guatemala pesa menos con su ausencia.