Hoy es un día de esos en los que no me apetece en lo más mínimo salir a la calle. Y no, no es que esté decepcionada, sola, triste y destruida como muchos creen que vivimos quienes no nos vestimos de rojo en esta fecha y tampoco tapizamos de corazones nuestro muro de Facebook.
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Detesto este día como muchos otros en los que la gente alborotada por la publicidad se lanza a las calles en busca de rosas, chocolates y los horrorosos globos metálicos que tanto estorbo hacen en todas partes.
En este país, en donde el tráfico y las colas son algo cotidiano, en días como hoy se sobrecongestionan las calles, los restaurantes, bah, hasta las panaderías. Y yo no tengo ni paciencia para calarme esas filas para pagar un par de cubiletes y mucho menos negar varias veces mi deseo de comprar esos azucarosos cupcakes sobrevalorados.
Detesto la idea de enmarcar el cariño, el amor, la amistad y todos sus sinónimos en paquetes que dependiendo del costo valoran el afecto. Odio ver cómo se malgasta el dinero, –que sí, que es suyo, pero igual me jode– en cosas superfluas, cuando sé que muchos niños y niñas no tienen un trozo de pan que llevarse a la boca.
No comprendo el interés que los milagros de amor y las acciones de cupido despiertan en las personas que normalmente viven ajenas a todos los actos de desamor, si eso, desamor al prójimo –y esa palabra tampoco me gusta–, que sufre de abusos, violencia, violaciones. Ese desprecio natural que existe por todo lo que aqueja al país, que aunque no nos o mejor dicho, los, afecte directamente, sucede: injusticias, robos de niños y niñas, corrupción, abuso de poder –aló Corte de Constitucionalidad–.
Tal parece que nada nos importa, que lo único que vale es aquello que el mercadeo promueve y que el “amor” solo le calza al que tiene los medios para corresponderlo, o mejor dicho pagarlo.
Así que por favor, no me feliciten hoy, porque yo vivo amando a mi familia y amigos todo el año. No me manden tarjetitas, porque mi atención está en otras cosas. Y si por asomo quieren que el sentimiento del amor, de la fraternidad y de la armonía los invada, salgan a las calles, sonrían un poco y no sólo a aquellos que les dejen dulcitos, corazones y besitos en esta fecha.