Cultivar


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En el diccionario se refiere al acto de trabajar la tierra y cuidar las plantas que crecen en ella para que den fruto y produzcan un beneficio. Pero también se encuentran otras acepciones del mismo término, entre ellas: desarrollar una actividad intelectual con placer y dedicación, en especial un arte o ciencia. Desarrollar, mantener y mejorar una relación de conocimiento, amistad o amor con otra persona.

Dra. Ana Cristina Morales


En resumen, cultivar es cuidar, y todo lo que involucra el cuido a una persona, a una planta, a un animal, al arte, a la ciencia, en fin, a algo.   Implica la participación del amor.  Quien cultiva tiene fe en lo que realiza, ofrece atenciones, asistencia y se involucra de manera responsable con su siembra.  Hace algunos años tuve la oportunidad de conocer a un joven en un salón de exposición, que se dedicaba a cultivar orquídeas.  Y él introdujo toda una cátedra apasionada del conocimiento de estas flores, de su clima propicio, de sus necesidades de agua, luz, calor, suelo.  De las variaciones de cada especie, de los problemas que enfrentan en el cambio de ambiente, de su depredación innecesaria.  Y me sorprendió que a sus solo diez y tantos años, tuviese tal grado de experiencia y pasión por su cultivo. El cual me pareció muy difícil de seguir y practicar, pero en realidad cualquier cultivo tiene niveles de exigencia altos.

Al darse cuenta que en la vida todas las personas necesitamos aprender a cultivar y tal vez, de manera no precisa plantas, aunque el aprendizaje de su cultivo nos pueda servir ante la  vida misma.  Ya que  nos acerca a la esencia del conocimiento de quienes en verdad somos. Contactamos con la naturaleza que se comporta con  bondad. Observemos, que de los árboles recibimos frutos y esperamos los mismos sin que desarrollemos, tal vez,  ningún tipo de cuidado.  Para lo cual deseo  relatarles una observación reciente.  Existe una casa desocupada ya por algún  tiempo en la zona 1 de esta ciudad capital, en donde se nota que ninguna mano ha colocado ningún tipo de cuido en sus plantas;  y éstas florecen, en su patio hay geranios rojos, y  es más, existe un árbol de granadina y este se encuentra proporcionando  sus frutos, pese a la poca estimación que le han puesto. Tal vez, porque su esencia es dar, y lo dejará de realizar,  hasta que no le quede ninguna otra opción.

Cada paso que damos en la vida,  el amor y el mismo proceso de psicoterapia se puede comparar con el cultivo de una planta.  Con esmero se puede observar y llegar a conocer quiénes somos, cuáles son nuestras necesidades y fortalezas y qué clima necesitamos para desarrollarnos. Lo que nos produce confort o incomodidad, tal como la regulación del agua por las plantas, cuando mucha,  puede entorpecer el desarrollo de sus raíces y cuando poca también.

En definitiva pueden ser muchas cosas las que consideremos cultivar –rosas u ortigas–  y lo que elijamos como cultivo,  también depende de nuestra  elección de amar o no amar a la vida. La primera va ligada al concepto que él formula de biofilia que es una tendencia que va hacia la vida, la creatividad, la productividad y bienestar. Mientras en la otra, la necrofilia,  observamos lo contrario, como expresión de la desintegración, la muerte, la violencia, la destrucción, y  lo autómata e inanimado.

Ante la elección de amor a la vida, el cultivo de nosotras y nosotros mismos o de lo que sea que queramos cultivar,  necesita siempre de un arte y este consiste en lo que Erich Fromm ha denominado el arte de amar. Al respecto considera que  además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas de amor.  Los que son cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento.