Cuba cumple un año de ausencia de Fidel Castro en el poder, sin sobresaltos ni cambios perceptibles, bajo la duda de cuánto más durará el interinato del gobierno de su hermano Raúl.
La fiesta patria del 26 de julio marca en el almanaque cubano el punto de partida de la histórica etapa abierta con la enfermedad y traspaso de mando del líder cubano, quien cumplirá 81 años en agosto.
Castro fue visto por última vez en público en la celebración de hace un año en dos actos en Bayamo y Holguín (oriente de la isla) y el 27 de julio fue sometido a la primera de varias operaciones por una crisis intestinal aguda.
Cuatro días después y por primera vez en casi medio siglo de revolución, Castro anunciaba en una proclama la delegación de sus poderes provisionalmente en su hermano Raúl, ministro de Defensa de 76 años.
Este año, el 26 de julio, que conmemora 54 años del asalto al cuartel Moncada -inicio de la rebeldía revolucionaria-, tendrá su acto en Camagí¼ey, a 540 km al sureste de La Habana, donde es esperado el presidente interino.
La incógnita de una reaparición de Fidel no es la única ni la primordial. Un año después aún se recupera y se desconoce si podrá volver al poder o asumiría un nuevo papel, dejando a su hermano la gestión doméstica.
El panorama podría aclararse con el proceso electoral que culmina en abril de 2008, cuando el Parlamento designe la presidencia del Consejo de Estado, que ocupa Fidel desde que hace 30 años fue creado el cargo.
Durante su reclusión médica, Castro sólo ha aparecido en fotos y videos, luciendo primero pijama y luego traje deportivo, pero no de verde olivo, señal inequívoca para los cubanos de que aún no está del todo bien.
Desde el 29 de marzo mantiene una periódica publicación de artículos de prensa -más de 30 hasta la fecha-, donde principalmente arremete contra Estados Unidos.
Mientras Fidel escribe sin parar, Raúl, alejado de cámaras y tribunas, desmarcándose del estilo de su carismático hermano, gobierna con discreción, delega tareas y hace prudentes ajustes en empresas y aparato productivo, carcomidos por la burocracia y el «cáncer» -dijo- de la corrupción.
«Junto a Fidel y Raúl, más combativos, eficientes y revolucionarios», repite el lema oficial, nada casual, de la convocatoria al acto en Camagí¼ey.
Pragmático, Raúl exigió ante el parlamento eficiencia contra los problemas que más agobian a la población: transporte, alimentación y vivienda. «De justificaciones estamos cansados en esta revolución», afirmó.
Los cubanos aspiran a ver en su vida diaria el 10% de crecimiento económico que reporta el gobierno, pues aunque tienen servicios gratuitos y alimentos a precios subsidiados, el salario medio, de unos 15 dólares, es insuficiente para vivir.
Analistas piensan que Raúl podría abrir espacios en la economía, pero hasta ahora no ha dado golpes de timón.
En lo político, Cuba echó por tierra los augurios apocalípticos de Washington sobre una caída de la revolución sin Fidel en el mando y consolidó el «eje» que forma con Venezuela, Bolivia y Nicaragua.
Aunque Raúl sigue siendo nombrado como número dos, la larga convalecencia de Fidel hace pensar a algunos que una «transición» o «sucesión» tiene lugar paulatinamente.
«El poder fue exitosamente transferido a un nuevo equipo de líderes cuya prioridad es preservar el sistema mientras permiten una reforma gradual», opina Julia Sweig, experta en Cuba del Consejo de Relaciones Exteriores de Washington.
Raúl se dice abierto al ascenso de nuevas generaciones para dar continuidad a la revolución, a la discusión y autocrítica. En enero se dio un candente debate de intelectuales y la prensa local publica ahora reportajes de denuncias contra irregularidades.
La oposición, que acusa un aumento de la represión, estima que nada ha cambiado, que en el país existe un «limbo político» y un estancamiento mientras viva Fidel.
Siempre a la sombra, poco conocido por los cubanos, Raúl corrió un poco el velo de su intimidad. Se le vio abatido en la televisión cuando en junio, junto a su familia, sepultó las cenizas de su esposa Vilma Espín.
Célebre por su oratoria, el líder cubano Fidel Castro, se ha comunicado a través de mensajes escritos o videos durante un año de convalecencia de sus crisis de salud
Sus principales frases desde que enfermó y delegó el poder el 31 de julio de 2006 a su hermano Raúl:
2006
– «Debido a los planes del imperio, mi estado de salud se convierte en un secreto de Estado». 1 de agosto.
– «Yo no estaba todavía en condiciones, según los médicos, de afrontar tan colosal encuentro». 28 de noviembre, leído en el Teatro Karl Marx en homenaje.
– «El momento más crítico quedó atrás. Hoy me recupero a ritmo satisfactorio». «El tiempo de una completa recuperación, quiérase o no, será prolongado». 5 de septiembre.
2007
– «Voy ganando terreno, me siento con más energía». Conversación telefónica con Chávez. 27 de febrero.
– «La idea siniestra de convertir los alimentos en combustible» quedó definida por Estados Unidos. Primera reflexión. 29 de marzo.
– «Bush es una persona apocalíptica». 26 de mayo.
– «No soy el primero ni sería el último que Bush ordenó privar de la vida». 29 de mayo.
– «Â¡Señor Bush!, ¡Le aseguro que no tendrán jamás a Cuba!». 18 de junio.
– «Ahora comprendo por qué sobreviví a los planes de Bush y de los presidentes que ordenaron asesinarme: el Buen Dios me protegió». 30 de junio.